POR Jorge Octavio González
La última sesión del Congreso del Estado terminó en un circo debido a la irrupción violenta, saltándose todas las normas de la Mesa Directiva, del diputado inversor Jesús Alberto Partida Valencia.
No podía ser otro: Beto Partida, en un afán de protagonismo y de llamar la atención de los reflectores, subió a tribuna y sin tener el uso de la palabra comenzó a gritonear y a exigir que se votara una propuesta de ley que elimina el refrendo anual para taxis tradicionales y de aplicación.
El diputado es un ignorante de la ley: los taxis amarillos, los que cumplen con todos los requisitos de ley y cuentan con seguro de pasajeros, llevan pagando décadas el refrendo anual; no es un impuesto que recién se creó ni que se inventó para recaudar dinero.
En los gobiernos del PRI, por ejemplo, se institucionalizó ese pago año con año.
Pero el diputado inversor, que gusta de meter dinero a las casas de bolsa investigadas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por lavar dinero para las organizaciones criminales, también quiere que los taxistas de aplicación queden exentos de pagar el refrendo.
Para un político de oposición, que lo más fácil es utilizar su investidura para cuestionar al oficialismo para tener contentos a los ciudadanos enojados con el sistema, es de lo más fácil proponer leyes que son materialmente inviables, pero que gustan a las graderías por irreverentes.
¿Saben por qué ningún gobernador, desde los neoliberales hasta la actual, ha tomado la iniciativa de quitar la tenencia vehicular? Porque el esquema en la Secretaría de Hacienda consiste en que, si el gobierno del Estado subsidia el pago, hay un retorno de recursos a las arcas estatales; si se decidieran a eliminar la tenencia, se perdería ese dinero.
Lo más práctico para el gobierno del Estado es, en lugar de eliminar el pago de la tenencia, subsidiar dicho impuesto.
Pero el diputado Beto Partida, ignorante de las leyes y provocador profesional, lo que pretende es generar ruido y polémica ante falta de propuestas: proponer eliminar el pago del refrendo anual a los taxis tradicionales y a los de aplicación suena bien, pero es inviable financieramente para el gobierno del Estado.
En la sesión del miércoles 17 de junio, cuando se discutía la iniciativa con proyecto de decreto, presentada por la titular del Poder Ejecutivo, a través de la cual se propone reformar y adicionar diversas disposiciones de la Ley de Hacienda del Estado de Colima, la fracción oficialista pretendía una reducción del pago por el derecho de operación del servicio de transporte por medio de plataformas digitales, algo que se hace en todo el país y no es exclusivo de Colima.
El diputado Partida Valencia, que está en contra de todo y a favor de nada, quiso doblar la apuesta y propuso eliminar el refrendo anual para los taxistas amarillos y de aplicación, generando una discusión ríspida sobre el tema; la reacción llegó a tal grado que se hicieron severos cuestionamientos al ayuntamiento de Colima por las condiciones de las vialidades, situación que nunca se hubiera mencionado si Beto Partida no hubiera incurrido en actos de provocación para ganarse a la audiencia de los transportistas del servicio público y privado.
En la casona de Torres Quintero deben estar diciendo: ¡no me ayudes, compadre!
Lo que más llamó la atención, sin embargo, fue que el diputado Beto Partida, totalmente fuera de sí, enloquecido hasta la náusea, desobedeció al presidente de la Mesa Directiva y subió a tribuna para gritar, para fanfarronear, que había presentado la iniciativa de eliminar el pago del refrendo anual a los taxis amarillos y a los de aplicación.
El diputado chikahuak, en su papel de presidente de la Mesa Directiva, sin su sombrero, le dijo al panista que no le daba el uso de la voz; a Partida Valencia le importó un comino la instrucción de Alfredo Álvarez y decidió postrarse en la tribuna y comenzó con su patanería de costumbre.
La decisión extrema del diputado chikahuak fue apagarle el micrófono al fanfarrón de Beto Partida: eso lo enojó sobremanera porque en la transmisión en vivo de la sesión del Congreso del Estado sólo se veía al legislador manoteando y gritando sin que se entendiera qué era lo que estaba diciendo.
Cabe señalar que sólo el presidente de la Mesa Directiva estuvo a la altura, no las demás integrantes que sólo se quedaron pasmadas ante la virulencia y el desacato del diputado panista.
Alberto Partida, que se las da de valiente y crítico del oficialismo en la tribuna, afuera es un reverendo cobarde que culpa a las más altas autoridades del Estado de los huevazos que recibió su coche de lujo hace unos días, como si alguien de ese nivel se dispusiera a perder el tiempo en un sujeto enano e irrelevante como él.
Beto Partida es un pobre payaso.
