POR Jorge Octavio González
Introducción. Ante la situación que impera en Colima, como en todo el resto del país, ¿por qué los dueños del hotel Fiesta Inn están financiando a un medio que hace apología del delito y golpea de manera sistémica a las autoridades que les dan las facilidades para operar en la entidad sin problema alguno?
Ha causado mucho revuelo el mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo el pasado domingo en el Monumento a la Revolución.
Cierto es que, dadas las últimas elecciones en países latinoamericanos, es un riesgo latente la intervención de los Estados Unidos en comicios venideros que se generen en el continente americano.
Colombia fue el más reciente, en donde un observador electoral fue ni más ni menos que Alejandro Moreno Cárdenas, líder nacional del PRI en México.
El intervencionismo, aunque en el oficialismo digan que se refiere a cualquier país que intente influir en las elecciones, tiene destinatario: Estados Unidos.
Lo que ya no fue tan inteligente fue subir el tono contra los gringos por defender a impresentables como Rubén Rocha Moya, Enrique Inzunza y 8 ex funcionarios del gobierno de Sinaloa.
Porque, si bien tiene toda la razón al decir que luego vendrán por más y por más políticos de México, en los hechos la presidenta de México acaba de desafiar al país más poderoso del mundo.
Claudia Sheinbaum debería tomarle la palabra a Washington y permitir que se lleven a todos los narcopolíticos que haya en el país; el problema es que son tantos que las consecuencias serían desastrosas.
Pero hay una cosa en lo que muchos no se detienen: los narpolíticos deambulan en todos los partidos políticos.
No es sólo Movimiento de Regeneración Nacional; también es el PRI, el PAN, Movimiento Ciudadano, el Partido Verde Ecologista de México y hasta el Partido del Trabajo.
En Colima, por ejemplo, Virgilio Mendoza Amescua ha sido señalado de tener vínculos criminales; en el famoso audio donde se burla de Felipe Calderón Hinojosa también reconoce que ha tenido reuniones con delincuentes.
Y qué tal ex gobernadores, ex diputados locales y federales, ex presidentes municipales, así como legisladores locales en funciones: si se da una lucha frontal contra el narco-terrorismo muchos en Colima saldrían embarrados y estarían en la misma situación que el gobernador de Sinaloa con licencia.
Bien que Estados Unidos desmonte las células criminales a través de los políticos que los defienden; la cuestión es que esas redes de protección no sólo están en los gobiernos de MORENA, sino en los políticos del pasado reciente que, ciertamente, dejaron las entidades en un completo caos por los múltiples compromisos que hicieron con grupos delictivos.
Colima no sería lo que es hoy si no hubiera un pacto criminal con los anteriores gobernadores que permitieron su empoderamiento y los dejaron crecer en la total impunidad.
Que se lleven a los narcopolíticos del actual gobierno, sí, pero también a quienes tejieron alianzas en el pasado: sólo así se podrá desterrar este mal que aqueja a todos los mexicanos.
