POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Está visto que cuando habla de narcos el mediocrazo dirigente estatal del PAN en Colima, Fernandito Anterito Vallecito, de inmediato se pisa la cola por la mención de la soga en la casa del ahorcado. Es evidente que el tipo hace sus declaraciones como parte de una estrategia distractora que pretende negar la realidad de las corruptelas de los actores panistas, como el caso de Virgilio Mendoza Amescua, alcalde porteño.
Lo del presidente municipal de Manzanillo va para largo, pero es prácticamente un hecho que no será el candidato del PAN a gobernador del estado por la inhabilitación de que será objeto. No obstante, queda muy claro que el desaseo es moneda de uso corriente en las filas de los puritanos e hipócritas blanquiazules, que antaño presumían que entre sus correligionarios sólo había gente muy decente.
Por supuesto, ya hemos visto que en cualquier partido existe la misma o peor corrupción que anteriormente se atribuía exclusivamente a los integrantes del otrora poderoso PRI. En realidad, los corruptos se encuentran en todas partes: el dinero malhabido, desviado, indebidamente empleado o cualquier otro eufemismo relacionado con el robo carece de ideología, no tiene colores ni banderas específicas.
El dirigente estatal del PAN intentó desviar la atención del caso Virgilio Mendoza con el clásico grito de: “¡al ladrón, al ladrón!”, con tan mala suerte que nadie se tragó el cuento de la inocencia del alcalde de Manzanillo, por lo que tuvo que emplear otra táctica. Así, al mediocrazo Anterito Vallecito se le ocurrió la brillante idea de señalar que los precandidatos de su partido no tienen nexos con el narcotráfico; más aún, que todos ellos tienen un “modo honesto de vida”, por lo que retó a los de enfrente a que demuestren que son tan pulcros, diáfanos e inmaculados como los de su rebaño.
Bien mirado, resulta un tanto difícil poder asegurar que equis o zeta precandidato tiene relaciones peligrosas con el declarado enemigo público número uno del PAN-gobierno, es decir, del calderonato; por tanto, resulta claro que lo del mediocrazo Anterito Vallecito es una burda estrategia para desviar la atención de las corruptelas que fueron cometidas por el neopanista Virgilio Mendoza.
Ahora bien, resulta bastante extraño que el mediocrazo dirigente estatal del PAN se saque de la manga el tema de los narcos con fines políticos futuristas, cuando es ampliamente sabido que el gobierno federal se encuentra infiltrado hasta la médula por la delincuencia (esa sí, bien organizada) que, así como tiene la capacidad para derribar un avión en pleno vuelo con el número dos, también puede echar abajo a un régimen; en este caso, al calderonato al que los perredistas radicales califican aún de “espurio” y de “pelele”.
Como a veces es deporte nacional culpar de todos los males a los priístas que gobernaron al país por cerca de 80 años, no faltará algún panista cínico que podría argumentar que la infiltración, la tolerancia y la corrupción de los narcos viene desde los tiempos de reinado del PRI, algo que podría sonar lógico si fuera éste el primer sexenio de los blanquiazules; sin embargo, resulta que ya vamos en el segundo y la podredumbre sigue viento en popa.
O sea: si el primer gobierno federal panista toleró la inmundicia generada por los narcos, en tanto que el siguiente pretende ahora limpiar todo el desaseo dejado por el foxato, ese ya no es problema de nadie más que de los propios panistas. No es cosa de priístas, perredistas, ecologistas, petistas o lo que sea: la bronca es de los blanquiazules que presumían de muy decentitos y crearon un cochinero. Por esa razón, las balandronadas del mediocrazo Anterito Vallecito caen en el vacío.
En el último de los casos, si el mediocrazo de Anterito Vallecito tiene las pruebas para hundir a determinado precandidato –de cualquier partido— por sus ligas con el narcotráfico, el sentido común indica que lo debe denunciar ante las autoridades correspondientes, so pena de convertirse en cómplice por quedarse callado. Veremos si el mediocrazo Fernandete se atreve a cumplir con una obligación ciudadana de denunciar a un indiciado que anda metido en negocios tan peligrosos como ilícitos.
Al final, como ya es costumbre, el mediocrazo Anterito Vallecito no va a asomar ni las narices para volver a tratar el tema del narcotráfico entre precandidatos a cargos de elección popular (aunque es obvio que su preocupación principal es la gubernatura del estado), pues primero tendrá que aclarar el tema de la infiltración de la delincuencia organizada en las más altas esferas de todas las corporaciones policíacas que operan en el país.
No debe olvidar el mediocrazo Anterito Vallecito que el infiltrado por el cáncer del narco es el PAN-gobierno; en consecuencia, es a los panistas a los que corresponde limpiar el cochinero que viene desde hace varios sexenios, pero que se recrudeció con los panistas que tanto presumían su decencia y su doble moral.
*Columna publicada el 26 de novimebre de 2008.
