POR Luis Fernando Moreno Mayoral
Ante la evidente falta de perfiles, tras décadas de privilegiar a los mismos de siempre, en el PAN están recurriendo al reciclaje político para hacer ver que están sumando a sus filas a liderazgos de la sociedad civil.
Nada más falso: algunos de ellos se fueron de Acción Nacional por las decisiones unilaterales que tomaron en el pasado; otros ya trabajaban para ellos en ayuntamientos y otras dependencias.
El caso más emblemático es el de Rafael Mendoza Godínez: el birriero de Cuauhtémoc es una veleta política que bien ha estado en el PRD que en el PAN sin rubor alguno; aunque llegó a la a la presidencia municipal bajo las siglas de Acción Nacional, decidió irse por la libre en su proyecto personal.
Fracasó.
Julia Jiménez Angulo, diputada federal plurinominal y a su vez dirigente estatal del PAN en Colima, secundada por ese arribista y pendenciero de Alberto Partida Valencia, ha estado presumiendo las adquisiciones como si se tratara de perfiles nuevos o de activistas que surgieron de la sociedad civil.
Claudia Aguirre, después de ser diputada local por Movimiento de Regeneración Nacional y negársele la oportunidad de ser candidata del partido guinda a la presidencia municipal de Colima en el 2021, decidió irse a probar suerte en otros lados.
Desde hace tiempo, sin embargo, ha venido trabajando para el proyecto de un presidente municipal; su reciente incorporación no es tal, pues ya estaba en una nómina panista.
Lo mismo se puede decir de Rubén Romo Ochoa y los otros ex legisladores de MORENA que, ciertamente, creen que tienen fuerza por sí solos; lo cierto es que llegaron a las diputaciones gracias a la marca del oficialismo y no porque ellos sean especiales.
¿Quién se acuerda de Rogelio Salinas Sánchez? Nadie, por supuesto.
Julia Jiménez, junto con el fascista y farsante diputado Beto Partida, pretende engañar a la sociedad colimense con la suma de liderazgos que, en realidad, no tienen autoridad moral ni política; sencillamente son cartuchos quemados que anhelan una candidatura tras los fracasos estrepitosos que tuvieron en el pasado reciente.
Jorge Romero Herrera, el líder del cártel inmobiliario, ni siquiera se ha tomado la molestia de analizar los perfiles que están recibiendo en el PAN de Colima: para él todo se reduce a la suma de personas que equivalen a votos y a estructura.
Con tal de simular que liderazgos se están sumando al PAN, Julia Jiménez es capaz de todo: incluso de reunirse con el hijo del cacique y eterno líder sindical de SSA México, Alberto Ojeda Ojedita, que lucha con uñas y dientes para que su papá José Alfredo Ojeda Verduzco permanezca como el dueño y señor del sindicato tras el relevo que se hizo esta semana.
Si desde la dirigencia nacional del PAN les encargaron la tarea de sumar militantes y simpatizantes para engrosar las filas del partido rumbo al 2027, algo que debería supervisar Jorge Romero personalmente, están más que reprobados los dueños del panismo en Colima.
Julia Jiménez y Alberto Partida, un par de vividores de la política y beneficiarios de las posiciones plurinominales, sólo están enterrando al otrora partido que en alguna ocasión, allá por 1997 y después en el 2003 y más recientemente en el 2015, estuvieron a nada de ganar la gubernatura del Estado.
Los panistas honestos, esos que trabajan por amor a la camiseta, deberían organizarse para destituir, por incompetentes y corruptos, a sus actuales dirigentes, que ante su evidente rechazo y repudio social, han capturado las diputaciones plurinominales para ellos y sus cercanos.
No puede ser posible que continúen reptando en Acción Nacional, con toda la desfachatez del mundo, Julia Jiménez y Alberto Partida Valencia.
