Coquimatlán abandona a sus policías

Sí, sabemos que hubo elementos que hicieron cosas indebidas. Nadie lo niega y nadie los defiende.

Pero también hay policías buenos. Policías de vocación, de los que se ensucian los zapatos en la calle, de los que salvan vidas en un río crecido, en un choque, en una riña, sin esperar un like en Facebook.

Hoy, esos policías están reventados.

Los traen en operativos desde que entran hasta que salen. Sin comer. Sin poder ir al baño. Sin dignidad. Como si no fueran seres humanos. Como si no tuvieran familia esperándolos en casa.

¿Y el presidente? Como siempre. En la última sesión de cabildo se hizo el enojado, el ofendido, y se encerró en su oficina cuando los elementos fueron a buscarlo a la presidencia para exponerle lo que están viviendo. Esa es su forma de gobernar: esconderse.

Por eso hoy harán paro. No por flojos. Por dignidad. Hasta que alguien los escuche.

¿Hasta cuándo vamos a ser testigos de un gobierno que presume fiestas, luces y que todo está bien, cuando el municipio se está cayendo a pedazos? Un gobierno que gasta en aparentar, pero deja en el abandono lo más importante: la seguridad.

Y lo más injusto es que la gente voltea a ver mal al policía, cuando el verdadero mal no está en la patrulla, está en el ayuntamiento. Ni siquiera los regidores pueden tener una sesión fructífera con él. ¿Así cómo?

Se les dijo a ustedes, regidores, sobre todo a los de la Comisión de Seguridad, que se pararan en la corporación, que dieran la cara. Es su obligación.

Como lo dije en una nota anterior: ¿Qué esperas de una corporación donde no hay mando? Donde no hay control. Donde quitaron a quien no debían quitar y dejaron a quien sí debían cambiar. Ahí sigue el subdirector operativo, intocable, mientras la corporación se hunde.

No es posible que el área más importante del municipio se deje en el abandono.

Y no es justo que la ciudadanía se vaya contra toda la corporación por uno o dos malos elementos. Hay hombres y mujeres de traje azul que lo dejan todo en la calle y en las comunidades, que han salvado vidas de peligros humanos y naturales, en silencio, con convicción.

Qué mal que no nos quitemos la venda de los ojos.

Lamentablemente Coquimatlán necesita un presidente que sí trabaje y de líderes de verdad al frente de esa corporación. El trabajo es demasiado pesado para uno solo.

Atiendan a nuestros héroes de traje azul. Ellos también sufren, también callan, también tienen familia. Y cuando un gobierno es insensible, el estrés laboral mata. Mata la motivación, mata la salud mental y en otros estados, lamentablemente, ya ha matado a un compañero que se quitó la vida por vivir exactamente lo mismo.

Escúchenlos antes de que sea demasiado tarde.