Los 80 años de la UC; la fiesta inolvidable*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

Mi cercanía con la Universidad de Colima se dio en mis tiempos de bachiller. Entré a estudiar en la Secundaria #2 Nocturna, por lo que después de tres años de aprender por la noche decidí entrar al legendario Bachillerato #2 de la UC para cambiar de aires. Fue ahí cuando entré en contacto con el entonces llamado Grupo Universidad, que conformaba la cuarteta integrada por Humberto Silva Ochoa, Juan José Farías Flores, Arnoldo Ochoa González y Fernando Moreno Peña. Hay quienes añadían una quinta cabeza a ese conocido: la de Herminio Barreda. No les falta razón.

Mi contacto con ese grupo político fue, precisamente, por mi inclinación natural por el periodismo, que se reflejó con la aparición del único ejemplar que dirigí en esos tiempos en el Bachillerato #2, llamado El Tlacuilo, por ser desde entonces seguidor del caricaturista Eduardo del Río, alias Rius, por el que supe que ese era el dios azteca que representaba a los dibujantes. Mi ánimo no decayó cuando, por falta de presupuesto, ya no fue posible costear el segundo número. A cambio, sin embargo, el líder de la FEC me invitó a colaborar en su medio oficial mensual, Reforma Estudiantil, que circulaba por todo el estado.

Una o dos colaboraciones metí en Reforma Estudiantil (una fue un cuento muy malo, pero antigobiernista), por lo que el siguiente paso fue llegar a El Comentario, el combativo medio que daba pelea al gobierno de don Arturo Noriega Pizano, el gobernador al que apodaban El diablo salsero. Eran tiempos de pleito entre la comunidad estudiantil y un gobierno estatal que estaba a tono con los autoritarios de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, por lo que había que ubicarse al lado correcto de la historia. Así, el priismo oficialista, alineado con los gobiernos; los estudiantes, con las universidades públicas.

Alcancé a conocer a don Alberto Herrera Carrillo, a la sazón rector en funciones de la UC, cuando acudí hasta su oficina para entregarle un ejemplar de El Tlacuilo. Recuerdo que recibió el periodiquito de cuatro páginas (tamaño tabloide), lo observó y me dijo muy sonriente: “Está muy bien, muchacho. Nada más no nos vayas a tirar a nosotros”. Me hizo sonreír su irónico comentario y me retiré de la rectoría muy tranquilamente. Poco después fallecería en pleno ejercicio de su periodo rectoral, por lo que fue sustituido por Humberto Silva, a la sazón el secretario de la casa de estudios.

Si bien El Comentario no era oficialmente de la Universidad de Colima, en los hechos era el órgano propagandístico de la casa de estudios, que se usaba como ariete para arremeter contra el gobierno de El diablo salsero, que a su vez tenía a El Imparcial para atacar y denostar a los líderes universitarios. Eso era algo muy común en todo el país. Previo a mis tiempos estudiantiles viajé mucho por el noroeste del país. Una vez, en la ciudad de Tepic, observé un periodiquillo oficialista en el que se esgrimían similares denuestos en contra del rector de la universidad del lugar y de sus cercanos colaboradores. Era, como quien dice, El Imparcial de tierras nayaritas.

La etapa del enfrentamiento entre universidades públicas y gobiernos estatales priistas (no había más) fue superada con el tiempo. Para cuando llegó al poder Griselda Álvarez, el gobierno y la UC vivieron una tórrida luna de miel. Fue por esos tiempos, con Humberto Silva como rector con sus dos periodos de cuatro años cada uno (amén de los casi dos del periodo de Alberto Herrera que terminó), para sumar prácticamente una década al frente de la casa de estudios, que El Comentario dejó de ser un arma política para convertirse en el órgano oficial de la institución, como lo es hasta la fecha.

Todo ese proceso me tocó vivirlo muy de cerca como reportero, articulista, autor de entrevistas y de reportajes, así como columnista de El Comentario (también ahí quedaron para la historia algunos de mis cuentos con los que gané un premio estatal convocado con motivo de la Feria de Colima), hasta que en 1984 fui despedido injustamente, metí una demanda laboral y la gané con todas las de la ley. El tema fue más político que laboral, pues así se las gastaba entonces el Grupo Universidad. De cualquier manera, fui de los pocos que encaré a ese grupo político en la plenitud de su poder, con las consecuencias que ello acarreaba en esa época.

Más adelante, empero, volvería a reanudar la relación con la UC, con Fernando Moreno como rector, en mi calidad de periodista en el entrañable Panorama. A los siguientes rectores creo que ni siquiera los llegué a saludar (Carlos El pollonón Salazar Silva y Miguel Ángel Doctor Simi Aguayo López), pero con Eduardo Hernández Nava hay una relación de respeto, pues en los hechos ha demostrado su liderazgo al frente de los destinos de la casa de estudios en momentos turbulentos en los que personajes extraños han tratado de tener injerencia en su manejo interno.

La Universidad de Colima es de todos, motivo por el cual me congratulo por los 80 años de su nacimiento, que no podrá celebrarlos debidamente a causa de la pandemia, pero que queda bien marcada en la memoria de todos los que vivimos en nuestro gran estado. Larga vida a la máxima casa de estudios, un orgullo de todos los colimenses.

*Columna publicada el 17 septiembre de 2020.