El odio de Griselda a la prensa

POR Luis Fernando Moreno Mayoral

Para que no quedara dudas de la aversión y resentimiento que le tiene Griselda Martínez Martínez a una parte de la prensa que durante su administración no se doblegó ante sus amenazas y acoso, el 27 de junio, día que acudió a la audiencia para conocer de qué se le acusa, publicó en sus redes sociales una serie de fotografías en donde se refirió despectivamente de los reporteros que la entrevistaron en su cita con el juez.

Primero apuntó: “Nos pueden acusar de lo que quieran, porque pueden hacerlo, aún no sabemos de qué nos acusan porque no nos fué (sic) entregada la carpeta de la supuesta investigación realizada por la fiscalía del Estado; aunque al parecer los pseudo medios (resic) aunque no son parte del proceso, están más que enterados, porque han estado publicando los supuestos delitos que supuestamente y según ellos cometimos”.

Al margen de su atropellada redacción, nada digna de una política que ganó dos veces la presidencia municipal de Manzanillo, Griselda Martínez arremetió en contra de los medios que, según dijo, ya sabían de qué la acusaban mucho antes que ella misma.

Aunque en el momento que la entrevistaron no les dijo absolutamente nada a ninguno de ellos, porque los cuestiona detrás de una computadora pero no de frente, en una de sus fotografías escribió como pie de página: “al salir de la audiencia. Porque aún con las peores injurias, no me quitarán la sonrisa”.

Ya desde esa publicación se refería a los reporteros que la esperaban para entrevistarla.

“Atendiendo a los que en su inmensa mayoría me difaman por encargo. Claro, que hay sus honrosas excepciones”, dijo en el pie de foto de otra imagen; en ese posteo se puede deducir que las críticas que le hacen los medios son, a su ver y entender, difamaciones por encargo, no una genuina crítica periodística que recogen de la población que nunca estuvo de acuerdo con la forma pendenciera y asimétrica como gobernó.

En otra foto escribió: “Atendí a algunos de los presentes, con la educación y amabilidad que no se merecen”.

La arrogancia, ciertamente, no la puede ocultar por más que esté sujeta a un proceso penal por diversos delitos que ameritan cárcel y la inhabilitación para ocupar cargos públicos por varios años.

¿Quién, de acuerdo a Griselda Martínez, sí se merecen su atención? ¿Sus aduladores, que los tuvo y que todavía le quedan algunos por ahí? ¿Los que tuvieron contratos en su administración y hoy, por vergüenza, dicen que son falsos los documentos para desprestigiarlos? ¿Los demás, los que la critican, no merecen su atención?

Lo dicho: la arrogancia es su peor enemiga.

Y en la última fotografía señaló: “Me preguntaron si vivía en Manzanillo, les dije que sí, y que si me mandan a Cuba, cooperen con mí pasaje”.

Lo dijo como si no le bastara el bono millonario que se autorizó junto con sus funcionarios más cercanos y regidores afines; con eso le basta y le sobra para ir y venir de Cuba de vez en cuando.

En esta columna sólo nos quisimos referir al desprecio que Griselda Martínez le tiene a la prensa que no piensa como ella y que no le aplaude como otros a los que les dio a manos llenas; en otra entrega hablaremos sobre su petición de auxilio al golpeador de ancianas y extorsionados Simón Levy.