El Mundial de Fútbol: entre políticos, actores y empresarios, pero sin pueblo

POR Luis Fernando Moreno Mayoral

Primero hay que señalar que como mexicano es genuino el orgullo por la Selección Mexicana y auténtica la emoción por los goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez en el partido contra Sudáfrica.

La identidad y la pasión por lo que representa el equipo de fútbol es real, es sincero: la euforia cuando ganan y meten goles es a veces indescriptible.

Pero esta columna no trata de eso: va del negocio que la FIFA y los patrocinadores están realizando alrededor del Mundial de Fútbol 2026 y cómo los aficionados quedamos en un segundo plano.

Basta ver quiénes asistieron al partido inaugural: políticos, artistas, influencers, actores y gente con capacidad económica como para pagar un boleto de 120 mil pesos para ver el partido México vs. Sudáfrica.

Alessandra Rojo de la Vega, la estridente alcaldesa priísta de la Cuauhtémoc, presumió en sus redes sociales su asistencia al partido; de igual manera se vio a Samuel García y a Mariana Rodríguez, de Movimiento Ciudadano, en un palco que pocos pueden pagar.

Xóchitl Gálvez, la candidata perdedora a la presidencia de la República en el 2024, también publicó sus fotos en el estadio Ciudad de México, antes Estadio Azteca; no se diga la llegada de Ricardo Salinas Pliego con un séquito de guardaespaldas, que también fue tema de conversación en redes sociales.

En otro de los palcos estaba el youtuber, ahora actor, Juanpa Zurita, festejando uno de los golpes de la Selección Mexicana como si hubieran ganado la Copa del Mundo; atrás de él estaba la también youtuber, que ahora se dice cantante, Kenia OS, la misa que hasta hace unas semanas andaba con un sujeto acusado de tener vínculos criminales.

Las tomas que las cámaras de Televisión Azteca hicieron a las graderías, como para enfocar a los mexicanos de a pie, en realidad fueron para juniors, empresarios y gente con mucho dinero que, ciertamente, se pueden dar el lujo de adquirir un boleto de 40 mil pesos para ver el partido a cientos de metros de la cancha.

La política de la FIFA de sancionar a todo aquél restaurante o bar que retrasmita los partidos del Mundial de Fútbol es, sencillamente, una mentada de madre para los cientos de miles de mexicanos que desean ser parte de la fiebre futbolera y prefieren ver los partidos con amigos y familiares, pero que no tienen la oportunidad de asistir a las tres ciudades donde habrá partidos ni la posibilidad económica de pagar entre 40 y 120 mil pesos por verlos.

El Mundial de Fútbol 2026, que debiera ser una gran fiesta para la gente que quiere un mes de alegría y emoción, en realidad se tornó un vulgar negocio de unos cuantos empresarios y televisoras que cobrarán hasta por utilizar la marca y símbolos de todo lo relacionado con el torneo de fútbol.

Es un buen gesto que algunos gobiernos, de los tres niveles, organicen encuentros con la gente para ver los partidos de fútbol, con pantallas gigantes y regalos para los asistentes; sin embargo, no deja de ser triste que una gran fiesta, un gran evento mundial, lo tengamos que ver en pantallas en plazas públicas.

El negocio en que se ha convertido el fútbol en todo el mundo, sin embargo, no evita que los aficionados sigamos con alegría y pasión los juegos de la Selección Mexicana y anhelemos que, como cada cuatro años, logren pasar del quinto partido.