El desgaste del poder*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

La conseja popular dice que no es lo mismo el cuarto poder que no poder en el cuarto. Juegos de palabras aparte, está muy claro que los años en el poder desgastan a cualquier partido político que se precie de serlo, por mucho que presuma de indestructible o de infalible. La muestra nos la acaban de dar los españoles que, hartos del actual gobierno de corte socialista, lo acaban de reprobar en las elecciones de este domingo.

No es que esa doctrina sea deficiente, pero el desgaste natural hace que la gente se canse muy pronto de determinado partido con varios años en el poder. Así, en la España que está acostumbrada a la alternancia después de que reventara el dictador Francisco Franco, que lo mismo le daba su voto de confianza al socialista Felipe González que se cautivaba por un asno como el derechista José María Aznar, hoy ya se decepcionó de José Luis Rodríguez Zapatero.

Lo que sí resulta curioso es que ahora la gente –el caso de los españoles es muy ilustrativo— se hastía más rápido de los partidos políticos. Después de la muerte del tirano Franco, España ha experimentado la alternancia con gobiernos socialistas y derechistas, como una especie de bimbalete en el que un momento se permanece arriba y, a continuación, se está abajo.

Si bien el gobierno de Rodríguez Zapatero no concluye aún, las elecciones locales de este domingo demostraron el hartazgo que los españoles sienten por todo aquello que huela a socialismo. Y en las próximas elecciones presidenciales, salvo que ocurra un verdadero milagro, el actual gobierno socialista tendrá que dejarle franco el paso de nuevo a los del derechista Partido Popular.

Insisto: no son malos los gobiernos socialistas; el problema es que el ejercicio del poder, sobre todo con políticas inadecuadas, desgasta al más pintado. En España se acaba de demostrar. Y no ha de pasar mucho tiempo para que en México suceda lo mismo, pero aquí con una ligera variante: los mexicanos están hasta la madre de la derecha que, representada por el PAN, los gobierna.

La celeridad del desgaste será impresionante: bastará apenas poco más de una década para que los mexicanos se cobren en las urnas los dos gobiernos de extracción panista que han resultado los más nefastos de la historia en el último siglo; tanto así, que no habrán dejado pasar los más de 70 años en los que el PRI ejerció el poder a capricho, sino apenas una docena.

En México, pues, desde ahora los mexicanos ya estamos hartos del gobierno que ejerce el derechista PAN; por lo tanto, en el quién es quién del 2012 se habrá de llamar a cuentas a los candidatos que registre ese partido a los diferentes cargos de elección popular, donde el de mayor atractivo será, indiscutiblemente, el de los aspirantes a la presidencia de la República.

El próximo año puede que haya alianzas antinatura o que los tres partidos más importantes postulen a su propio candidato presidencial; pero de lo que no hay dudas es de lo siguiente: el abanderado que represente los intereses del PAN (así se llame Santiago, Josefina, Ernesto, Alonso o Emilio) resultará el gran perdedor de la jornada de julio del 2012.

Por supuesto, la presente no es ninguna profecía maya o de cualquier otra cultura que los charlatanes se irán sacando de la manga en la medida en la que se acerque el día en el que supuestamente se va a acabar el mundo, sino que impera simplemente el sentido común: si la población ya está hasta la madre de la violencia prohijada por los panistas que tienen actualmente el control del país, lo lógico es que se volcarán en las urnas por cualquier partido que le pongan enfrente, menos por el PAN.

Lo que aquí profetizo es algo muy elemental, pero al mismo tiempo irrebatible: la gente no va a votar por el PAN en el 2012 porque ya quedó convencida de que con ese partido le ha ido de la patada. Ahí está España que lo acaba de demostrar este domingo: el pueblo le dio la espalda al socialista Rodríguez Zapatero; ahí estará México, el próximo año, cuando mande a los panistas (con el presidente Felipe Calderón Hinojosa por delante) a inflar burros por el pivote.

(A propósito de profecías, yo creo que los mayas eran unos tipos medio  vaciladores. Se supone que demuestran que habrá un cambio mundial el 21 de diciembre del 2012, pero ese cambio puede significar muchas cosas y no necesariamente tiene que contemplar que el mundo se vaya a acabar, como ocurre en la catastrofista película gringa  2012. Más bien creo que todo es una tomadura de pelo, pues si más de 500 años atrás los mayas ya habían desaparecido de la faz de la Tierra, ¿cómo esperar que sea exacta una profecía hecha con más de medio milenio de anticipación? Dar por sentado algo así es cosa de supersticiosos).

Si los dirigentes de los partidos políticos opositores fueran un poco más inteligentes y congruentes, en estos momentos ya estarían preparando la estrategia con la cual asociar todas nuestras penurias y desgracias con las siglas del PAN (este sí resultó ser un peligro para México) para restregárselas en la cara a los candidatos de ese partido en la campaña del próximo año; sin embargo, eso no va a poder ser posible.

No sucederá así porque los partidos contrarios al PAN, algunos de ellos históricamente antagónicos, probablemente negocien ir del brazo y por la calle en la próxima contienda electoral, fieles a su cinismo de anteponer sus intereses personales o facciosos a los de la población; por tanto, aunque es muy seguro que los panistas pierdan la presidencia de la República en 2012, debe quedar claro que ni al PRI ni al PRD se les extenderán cheques en blanco.

Si en el PRI se ponen un poco más aguzados, puesto que es el partido que más se perfila rumbo a Los Pinos, estarán más obligados que nadie a resaltar que tipos como Locho Morán Sánchez, Toñito Morales de la Peña, Brenda Gutiérrez Vega, Virgilio El Costeñito Mendoza Amescua, la otoñal Martha Sosa Govea, Raymundo Mano de Piedra González Saldaña, Milton El Alto Vacío de Alva Gutiérrez y hasta  los traidorazos Nico Contreras y Paquito Rodríguez, que se la jugarán con las siglas de Acción Nacional el próximo año, los hermana algo en común, a la vez que siniestro.

En efecto: no sólo hermana a los antes citados su ojetez de ir en contra de todo lo que se refiera al gobierno estatal por no haber podido arrebatarle al PRI el poder en las urnas (aunque sí lo han intentado varias veces en la mesa de las negociaciones), sino el de que estarán representando, en la búsqueda de nuevos cargos de elección popular, al PAN.

Sí, al PAN que ha elevado los índices de inseguridad del país a alturas jamás imaginadas, en ese absurdo afán de legitimarse por haber obtenido el triunfo bajo la sombra de la duda, sin dejar de lado el desempleo, la carestía, la inflación, la crisis galopante, la pobreza; en fin, todo eso que los panistas cínicamente niegan porque todo eso es parte del pasado, como si ellos mismos no pertenecieran ya también a ese pretérito al que muchos desean ya muerto y enterrado.

Cuando individuos como Locho Morán, Toñito Morales, la otoñal Martha Sosa o el traidorazo Nico Contreras anden en plena campaña, ofreciéndole al pueblo hasta las perlas de la virgen, bastará con recordar que son los del mismo partido en el que ya van más de 40 mil muertos (el próximo año serán mucho más), miles de desempleados y millones de pobres, para mandarlos –como poéticamente decía el gran Efraín Huerta— “hacia los confines de ninguna parte”.

*Columna publicada el 23 de mayo de 2011.