Soldaditos de plomo en Colima

POR Luis Fernando Moreno Mayoral

A veces, por más nobles que sean las instrucciones que se dan a las corporaciones policiacas, las tareas que realizan en campo no cumplen las expectativas.

Sucede, por ejemplo, con elementos de la Marina Armada de México, del Ejército Mexicano o de la Guardia Nacional: no confían entre ellos y se boicotean cada que pueden; éstos no brindan información a los policías estatales y mucho menos confían en los policías municipales, que es donde más infiltrados hay de la delincuencia organizada.

Pero la instrucción es que tienen que trabajar de manera conjunta: tienen que coordinarse.

Hay operativos, en diversos puntos de la ciudad de Colima y Villa de Álvarez, donde predomina más la forma que el fondo: si bien es cierto se reduce de cierta manera el flujo de la criminalidad en cada retén, porque pueden detectar armas o drogas o autos y motos robadas, lo cierto es que eso no combate frontalmente el problema de fondo.

La semana pasada, en plena Semana Santa, un operativo de marinos y la policía municipal dejó en claro que les importaba más detener a adolescentes en motocicleta que en capturar a los criminales.

Mientras una treintena de elementos, entre marinos y policías municipales, se entretenían en perseguir como vil delincuente a un menor de edad que quiso evadir el retén por miedo a que le fueran a quitar la motocicleta, a unos kilómetros de distancia, en la colonia Infonavit, La Estancia, dos personas —un hombre y una mujer— fueron asesinadas a balazos afuera de una tienda de abarrotes.

Llegaron las autoridades ya que se había consumado el hecho y no detuvieron a nadie. Ni siquiera se tomaron la molestia de perseguirlos ni de implementar un operativo para su búsqueda y posterior detención. Nada.

30 marinos y policías, sin embargo, permanecieron más de una hora enfocados en hostigar e intimidar al menor de edad que estaba paseando cerca de su casa en motocicleta; los marinos permanecieron afuera de su domicilio, en plan intimidatorio, hasta que llegó la policía municipal con todo y grúa para llevarse la moto.

El sábado de Gloria, por ejemplo, en la colonia Albarrada, a plena luz del día, llegaron sicarios a una tienda de abarrotes y dispararon a quemarropa a más de 5 personas que estaban jugando maquinitas y otros comprando papitas y refrescos.

La policía llegó y encintó toda la calle para que no pudiera entrar ni salir nadie en automóvil. ¿Y los responsables? Tranquilos, a salvo y muy lejos.

La pregunta es necesaria: ¿se requieren 30 ó 40 elementos de las fuerzas armadas en retenes molestos y arbitrarios o deben enfocarse en perseguir a los delincuentes?

Porque aparte la molestia en los marinos y los policías es clara: cuestionan al conductor que detienen como si fuera un peligroso criminal, pero tienen miedo de perseguir delincuentes porque pueden morir en el intento.

Y llegan, en su infinita soberbia, al extremo de solicitarles las contraseñas de los teléfonos celulares a los adolescentes para ver lo que tienen guardado: desde fotos o videos de hechos de violencia —donde por ese solo hecho comienzan a ser más hostiles— hasta fotos y videos íntimos—donde, sin pedir permiso, se envían el material a sus dispositivos móviles—.

Es necesario, desde luego, que haya operativos para verificar si los autos o motocicletas están en regla, si cargan armas o drogas, pero no tiene que ser a costa de dejar en la indefensión a los colimenses que sufren las consecuencias con la alta criminalidad que hay en estos momentos.

Sabemos que no es culpa de este gobierno que los criminales se hayan empoderado y actúen con cinismo en entidades otrora seguras en el pasado; la cuestión es que la coordinación entre las corporaciones de los tres órdenes de gobierno debe focalizarse en la inteligencia y detención de los criminales y no en perseguir por calles enteras a menores de edad que se pasean en motocicleta.

A veces el papel de las fuerzas armadas, en operativos y en funciones que no les corresponden, queda reducido al de ser humillados y sobajados: son la burla de los criminales que los ven como unos simples soldaditos de plomo.