POR Jorge Octavio González
Griselda Martínez Martínez se enfermó de poder: le gustó tanto que hizo todo lo posible por perpetuarse a través de una incondicional.
No lo logró.
Y por eso hoy está vinculada a proceso: por otorgar un bono millonario a sus funcionarios y a ella misma sin tener la facultad legal para ello; lo anterior no habría pasado si llegaba Martha Zepeda del Toro a la presidencia municipal de Manzanillo.
La ex alcaldesa, enferma de poder, trataba de influir en las decisiones de Cabildo: conocía de los temas a tratar porque su ex secretaria del ayuntamiento le pasaba todos los oficios y documentación oficial.
Un juez determinó separar del cargo a Martha Zepeda y Griselda Martínez se quedó sin representante en la administración municipal.
Pero resulta que la suplente de Martha Zepeda es su hermana: Verónica Martínez Martínez.
Todos sabían de las limitaciones de la señora, que era de pocas entendederas, pero resultó más cómoda y útil para Griselda: a través de mensajes a su celular controla lo que dice y hace y hasta lo que tiene que votar o rechazar la hoy regidora de Movimiento Ciudadano.
Lo mismo pasa con la otra regidora de MC: Hermelinda Anguiano, ex funcionaria de la pasada administración y beneficiaria de las irregularidades de su jefa: sigue sus instrucciones al pie de la letra.
En la última sesión de Cabildo, sin embargo, exhibieron fotografías que demuestran quién realmente vota y discute a nombre de Movimiento Ciudadano en el pleno: es Griselda Martínez, obsesionada por seguir influyendo.
Ella llegó incluso al absurdo de pedir a figuras del partido naranja a nivel nacional que presionaran para que le regresen la escolta que la cuidaba día y noche luego de un atentado que sufrió en el primer trienio como presidenta municipal.
Como autoridad requería la protección, por los intereses que tocó y que la querían fuera de circulación; como ex alcaldesa debe pagar de su bolsa la protección que ella desea.
Ni el país ni el Estado están para cuidar a personas que sólo quieren protección sin justificar que están realmente en peligro.
No ha habido indicios, ni siquiera mínimos, de que a Griselda Martínez la quieran atacar; lo mismo sucede con el ex gobernador más criminal y corrupto que haya tenido Colima, que sigue con guardaespaldas fuertemente armados pese a que cuenta con millones de pesos robados durante su paso por la política.
Son unos abusivos sinvergüenzas.
¿Por qué tienen que proteger a una ciudadana como Griselda Martínez si ella, como autoridad en su momento, no protegió a David Díaz Valdéz, activista que acababa de salir de la cárcel y que fue arteramente asesinado a las afueras de su trabajo?
David Díaz sí requería la protección porque exhibía a los políticos criminales; Griselda Martínez sólo es una bravucona que cuestiona detrás de una computadora y un celular a quienes la están denunciando por múltiples irregularidades durante su administración.
Verónica Martínez Martínez, quien suple a Martha Zepeda del Toro en tanto ella espera su absolución o inhabilitación para ejercer cargos públicos, es el fiel ejemplo de cómo los políticos que probaron las mieles del poder difícilmente lo dejarán así nomás.
Y además quedó exhibida como una regidora manejable, por sus limitaciones visibles, que hasta debe seguir instrucciones para hablar y votar en las sesiones de Cabildo.
Qué vergüenza de oposición existe en el ayuntamiento de Manzanillo.
Y en general qué vergüenza de la franquicia que compró José Ignacio Peralta Sánchez, Movimiento Ciudadano, integrada por impresentables que sólo responden a intereses oscuros y mezquinos en donde tienen representación política.
