POR Jorge Octavio González
Luego de darse a conocer el ataque a balazos que recibió este lunes 15 de diciembre Efraín Medina Valenzuela, ex jefe de inteligencia en el sexenio de José Ignacio Peralta Sánchez, comenzó a circular un texto de OPINIÓN EXPRESS como si fuera escrito al calor del atentado.
No se confundan: ese texto sí es de nuestra autoría, pero se publicó en octubre de 2022, cuando Medina Valenzuela recibió la primera lluvia de balas en su humanidad y camioneta —algunos señalan que fueron alrededor de 16 impactos— por Avenida de la Paz, en la ciudad de Colima.
En aquél momento, sin embargo, había pasado un año de que terminara el peor sexenio del más corrupto y sinvergüenza gobernador de Colima; previo a ello el ex funcionario había recibido amenazas de uno de los cárteles de la entidad por una serie de agravios a su organización que no vamos a repetir.
Quienes ordenaron este segundo ataque fueron muy pacientes: esperaron exactamente 3 años para retomar el trabajo que dejaron a medias en octubre de 2022.
Otra lección: el crimen organizado, aunque puede tardar, cumple sus amenazas.
Por lo que toca a la columna de hace tres años, sostenemos la parte medular:
“Podría entenderse, hasta cierto punto, que en el sexenio pasado lo protegieran y archivaran todas las denuncias que podría haber en su contra (de Efraín Medina). Es normal: cada gobernador protege a sus corruptos”.
“Si hay denuncias, acusaciones de nexos con los cárteles de la droga y de hasta secuestros y asesinatos que le achacan al ex titular de inteligencia, ¿por qué no estaba en la cárcel o al menos indiciado con carpetas de investigación?”
“Muy corrupto, muy ratero, muy secuestrador, muy asesino, pero Efraín Medina no tenía ni un citatorio de la actual Fiscalía General del Estado de Colima ni de la Fiscalía General de la República que lo requiriera”.
Hoy, a tres años de distancia, la situación de Efraín Medina Valenzuela era muy diferente: ya no era señalado por delitos cometidos en el sexenio pasado, de lo cual en ningún momento se le acusó ni se le envió citatorio alguno; de lo que lo señalaban era de manejar una serie de cuentas en redes sociales que, ciertamente, denigraba con información falsa y delicada a figuras públicas, en especial del oficialismo.
Mucha de esa información falsa, por ejemplo, nutría las columnas de mercenarios de la tercera edad que están en la nómina de Virgilio Mendoza Amescua y cuyo fin era golpear a la gobernadora del Estado y a la presidenta municipal de Manzanillo.
La página que utilizaban para redactar sus columnas de chismes y ataques a la vida privada, esa que en la jerga policial significa Recibido/Entendido/Mensaje comprendido, desapareció al día siguiente del asesinato de Efraín Medina Valenzuela, cuando los responsables del caso revisaron su celular y decidieron eliminar la cuenta manualmente.
Como todas las muertes —las de alto impacto y las de cualquier ciudadano colimense—, la de Efraín Medina es lamentable: nadie tiene el derecho de arrebatarle la vida a un padre, a un hermano, a un hijo y a un amigo de alguien.
Nadie.
Ojalá este crimen sea resuelto y los autores materiales e intelectuales paguen con todo el peso de la ley.
