POR Luis Fernando Moreno Mayoral
Mely Romero Celis es la única política de oposición que sabe la trascendencia y el respeto que tienen los medios de comunicación de Colima.
La senadora es política: es del PRI.
Pero ella, a diferencia de muchos de sus compañeros de partido, respeta la labor de los medios en general y de los periodistas en particular.
Los políticos, acostumbrados a que sólo les aplaudan, no toleran la crítica; si por ellos fuera desaparecerían todos los portales de noticias: serían felices en una dictadura.
Este fin de semana, en sus redes sociales, Mely Romero habló sobre la labor de los medios de comunicación en Colima; dijo que es importante que existan opiniones diversas para el debate político.
Ella ha reconocido que, pese a ser objeto de críticas, respeta la opinión de los demás; eso habla de un crecimiento profesional y político de la senadora que, ciertamente, la pone muy por encima de sus colegas en cuanto a autoridad moral.
La madurez que hoy refleja no la tenía hace seis años, cuando competía por la gubernatura de Colima: debió perder para crecer y aprender; hoy no tendría el protagonismo que tiene si no hubiera sufrido la derrota.
Mely Romero aprendió: ahora le toca trabajar para ganarse la confianza de los colimenses.
Sobre los medios de comunicación, en especial los que han sido críticos y han sufrido ataques de los políticos que no toleran las críticas, Mely Romero es muy clara: tanto los medios que replican sus narrativas como los que critican merecen respeto y condiciones para realizar su trabajo.
Eso no lo entiende la mayoría de los políticos: replican y defienden a los medios que se subordinan, pero hostigan y amenazan a los que no.
Y lo peor es que la voz de Mely Romero es aislada: no la comparten muchos en su partido, pero mucho menos en los demás: ni en el PAN ni en MC ni en el oficialismo.
Nadie, ni los políticos ni los empresarios ni el crimen organizado, tiene el derecho de amenazar y atacar a los medios de comunicación por sus contenidos; tampoco nadie tiene el derecho a agredir físicamente ni a través de denuncias civiles ni penales a los críticos.
Hoy, pese a que en Colima se derogó el delito de calumnias y difamación y nadie puede ser encarcelado por emitir su opinión, hay políticos que están retomando propuestas de otras entidades para darle la vuelta a las leyes y meter a la cárcel a los periodistas críticos.
Ahí está el caso de Virgilio Mendoza Amescua, que se inspiró en una ley de San Luis Potosí denominada “Ley Serrano”, todo con el objetico de sancionar “la creación o difusión de contenidos manipulados digitalmente” y meter a los autores a la cárcel.
Ahora podrán decir que no denuncian a los periodistas por calumnias y difamación, pero van a utilizar otra ley, relacionada con los contenidos creados por inteligencia artificial, para de igual manera encarcelar a los medios y comunicadores que publiquen algún video o material que se encuadre en ese delito.
Y por supuesto: el delito es penal.
Virgilio Mendoza, como el buen intransigente que es, respalda la iniciativa que el narco gobernador Ricardo Gallardo Cardona aplica en San Luis Potosí y que, para mayor vergüenza, sólo ha sido utilizada por su esposa, la senadora que quiere sucederlo en el cargo, que tiene denunciado a 10 periodistas y a otros tres más los tiene en la cárcel.
Qué diferencia entre Mely Romero y los políticos oportunistas e intolerantes: mientras ella convoca a respetar la labor de los medios, otros utilizan recursos para amedrentar a los periodistas y hasta copian leyes de otras entidades para encarcelarlos, dado que ya no pueden denunciarlos por calumnias y difamación.
