POR Luis Fernando Moreno Mayoral
El octogenario Alejandro Gertz Manero dejó la Fiscalía General de la República.
Más allá de si fue por iniciativa de Adán Augusto López Hernández o de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, como se ha especulado en los medios de comunicación, lo cierto es que su salida ha provocado un cisma entre la clase política mexicana.
Y es que, se esté o no de acuerdo en los métodos de Gertz Manero, en la FGR había una cierta autonomía que, al menos en lo que pudimos ver los últimos meses, tenía muy nerviosos a los poderosos del sexenio pasado.
Las filtraciones del caso de La Barredora, donde Adán Augusto López nombró como su secretario de Seguridad Pública en Tabasco a Hernán Bermúdez Requena, así como del huachicol fiscal que involucró a los sobrinos políticos del secretario de Marina de AMLO y a los propios hijos del ex presidente calaron mucho en el actual gobierno.
El caso más reciente fue el del dueño de Miss Universo, donde se descubrió todo un entramado criminal entre esta franquicia y Raúl Rocha Cantú, que logró corromper a autoridades de PEMEX para obtener contratos millonarios, entre ellos con el padre de la actual Miss Universo Fátima Bosch.
Alejandro Gertz Manero era un sujeto turbio y siniestro, cierto, pero logró mantener una cierta independencia del poder, al menos en la administración de Claudia Sheinubam, lo que logró que se abrieran investigaciones en contra de personajes políticos que jamás se habrían tocado con López Obrador.
Aunque algunos damnificados de la FGR han salido a celebrar su salida, como el ex consejero jurídico de la presidencia de la República, que se atrevió a decir que terminaba una época oscura en la Fiscalía, en la institución se estaban haciendo las cosas de manera más profesional.
Julio Scherer Ibarra no fue una víctima del temible fiscal Alejandro Gertz Manero; el poderoso ex consejero jurídico de AMLO fue un político que utilizó su cargo para torcer sentencias a cambio de favores o de sobornos millonarios, tal y como se describe magistralmente en el libro de Hernán Gómez Bruera, La traición en Palacio.
Se podrán decir una y mil cosas del paso de Alejandro Gertz Manero en la Fiscalía General de la República, pero lo cierto es que su relevo sí es de preocupar: la favorita de la presidenta de México es Ernestina Godoy, ex fiscal de la Ciudad de México y consejera jurídica con Claudia Sheinbaum en la actual administración.
Cierto es que en el Senado de la República se hará toda la faramalla para elegir al nuevo fiscal; sin embargo, de todos los inscritos, la beneficiaria del dedo presidencial es Ernestina Godoy, quien fue denunciada por espiar a enemigos políticos del oficialismo cuando fue fiscal general de la Ciudad de México, así como de colaborar con la FGR para aprehender a Alejandra Cuevas, sobrina política de Gertz Manero.
Si la anterior FGR no era tan confiable ni efectiva, como tantas veces se criticó, con Ernestina Godoy habrá sumisión total ante el Ejecutivo y es muy probable que todos los casos de corrupción que se estaban investigando, donde se involucra a políticos de la 4T y allegados a López Obrador, terminarán con un carpetazo.
La supuesta autonomía de la FGR será un pésimo chiste.
