POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Una de las instituciones más ricas del país es el IMSS, pero el área de emergencias sigue siendo la asignación pendiente, el gran lastre, el saldo negativo, la mancha asquerosa, el pelo en la sopa. La noche del domingo 30 de diciembre del recién terminado año 2012 no fue la excepción. Expongo a continuación este episodio infame:
Llegó una pareja a emergencias de la clínica del IMSS en esta capital, a eso de las 8 de la noche. La mujer se sentía fatal por culpa del clima frío que azota actualmente a nuestra generalmente cálida entidad federativa. Como se suele decir en estos casos, había casa llena, es decir, la sala correspondiente se encontraba atestada de derechohabientes que requerían la atención urgente de un médico.
En media hora no fue llamado ningún paciente, lo que llamó la atención de la pareja que acudió para que la atendieran a ella. El caso es que, indagando aquí y allá, él se enteró de lo que sucedía en realidad en esos momentos en el área de “urgencias” del IMSS.
Así, entre otras cosas, ocurrió que había gente esperando ser atendida ¡desde las dos de la tarde de ese día! La razón de lo lentísimo de la atención era que durante varias horas sólo había estado laborando un solo médico para atender a una gran cantidad de pacientes que se arremolinaban en una sala que se encuentra patas arriba desde hace tiempo.
Poco después de las dos de la tarde, según relató una persona que se encontraba ahí desde medio día, el médico se había ido a comer muy tranquilamente, sin que ni al más enano de los directivos de la clínica número uno del IMSS de esta capital tal hecho lo conmoviera mínimamente. Pasadas algunas horas, ya como a las ocho y media de la noche, llegó otro médico para acompañar al que había estado solo y su alma tanto rato, como si trabajara para una cliniquita de la más pinche y apartada ranchería de esta parte del mundo.
Ah, pero también ya se había sabido que, tal vez antes de las nueve de la noche, los dos médicos saldrían a cenar, por lo que de nuevo volvería a quedar tirado el servicio de “emergencias” del IMSS. Y, obvio, de nueva cuenta a ningún miserable funcionario de la institución le importaría un comino que el servicio quedara en calidad de chiquero, es decir, hecho un asco.
La desesperación hizo presa fácil a la pareja; en especial, cuando escuchó quejas como la siguiente: “Si se supone que uno tiene Seguro, es lógico que vengas al área de urgencias para que te atiendan cuando lo necesitas. ¿Pero qué es lo que te encuentras? Que sólo hay un pinche médico para atender a tanta gente que se encuentra muy mal”.
Uno está de acuerdo en que los médicos destinados al área de urgencias, como todo ser humano, requiere alimentarse. Muy bien, pero entonces ¿por qué no se asigna a más personal, si se sabe que hay bastante demanda; sobre todo, en esta temporada de invierno? Todo indica que no existe ningún directivo, del delegado del IMSS en Colima para abajo, que haga uso de la única neurona que le funciona para ponerle remedio a la situación.
El derechohabiente debe ser atendido, pero si no se cuenta con suficientes médicos para atender una gran demanda de gente que llega con diversos padecimientos, el área de “urgencias” del IMSS va a seguir valiendo madre por los siglos de los siglos.
De hecho, los médicos del área de “urgencias” del IMSS no pelan un chango a nalgadas. Por esa razón, luego de unos 45 minutos de permanecer en una sala en la que ni por equivocación se llamó a algún paciente para ser atendido, la pareja de esta historia fue informada que, frente a la clínica de marras, el profesionista de una cadena de consultorios estaba atendiendo a esa misma hora a los pacientes que le cayeran.
Si bien el consultorio también estaba atestado de pacientes que esperaban ser atendidos por el galeno, por lo menos había la esperanza de que los recetaran mucho más pronto de lo que pudiera ocurrir en “urgencias” del IMSS. Y es que si cerca de las nueve de la noche permanecían haciendo guardia personas que habían llegado hacia el medio día, los que llegaron entre las 20 y las 21 horas vendrían a ser atendidos como tres putos días después.
En el consultorio de enfrente de la clínica del IMSS, por espacio de hora y media de espera, la pareja finalmente fue atendida. En ese mismo lugar, donde se le detectó a la mujer una infección que casi amenazaba con convertirse en una neumonía, el médico aplicó dos inyecciones –de siete en total— que, por fortuna, casi de inmediato comenzaron a surtir efecto.
El chiste, entre consulta, inyecciones y medicamentos, salió en 300 pesos, y eso porque se trataba de un establecimiento que no lucra tanto con la salud de las personas. En una farmacia más comercial el costo habría alcanzado los mil 500 pesos. Como sea, el dinero es lo de menos. Lo que no tiene madre es que en el IMSS les valgan ídem los que ilusamente acuden al área de “urgencias” para recibir una atención que jamás llega.
¿Sabrá el delegado del IMSS en Colima lo que sucede en el área de “urgencias” de la clínica número uno, es decir, que hace falta más personal? ¿Hará algo sobre el particular? En lo personal, lo dudo, aunque me gustaría que me desmintieran de forma contundente.
*Columna publicada el 31 de diciembre de 2012.
