La madre chingada, según Ooctavio Paz*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

La fecha es propicia para recordar a Octavio Paz, nuestro único Premio Nobel de Literatura mexicano, y a su paradigmático ensayo El laberinto de la soledad, donde define con claridad la forma de ser del mexicano de mediados del siglo pasado, que en algunos aspectos sigue siendo la misma.

Editado por primera vez en 1950, El Laberinto de la soledad se refiere al fondo anímico que origina la forma de ser del mexicano; sin embargo, por razones de fecha, la que me interesa destacar aquí es la parte del capítulo que se refiere a las mentadas de madre (tal vez el más citado, vale aclarar), luego de haber celebrado en México el diez de mayo.

Dice Octavio Paz en la página 68 de su libro: “Toda la angustiosa tensión que nos habita se expresa en una frase que nos viene a la boca cuando la cólera, la alegría o el entusiasmo nos lleva a exaltar a nuestra condición de mexicanos: ¡Viva México, hijos de la Chingada! Verdadero grito de guerra, cargado de una electricidad particular, esta frase es un reto y una afirmación, un disparo, dirigido contra un enemigo imaginario y una explosión en el aire…”

Líneas más adelante se pregunta: “¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la Madre. No una Madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicana de la Maternidad, como la Llorona o la ´sufrida madre mexicana´ que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre…”

En la página siguiente sostiene el Premio Nobel: “En México los significados de la palabra son innumerables. Es una voz mágica. Basta un cambio de tono, una inflexión apenas, para que el sentido varíe. Hay tantos matices como entonaciones: tantos significados como sentimientos. Se puede ser un chingón, un Gran Chingón (en los negocios, en la política, en el crimen, con las mujeres), un chingaquedito (silencioso, disimulado, urdiendo tramas en la sombra, avanzando cauto para dar el mazazo), un chingoncito…”

En la página 72 entra al meollo del asunto: “Después de esta digresión sí se puede contestar a la pregunta ¿qué es la Chingada? La Chingada es la Madre abierta, violada o burlada por la fuerza. El ´hijo de la Chingada´ es el engendro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, ´hijo de puta´, se advierte inmediatamente la diferencia. Para el español la deshonra consiste en ser hijo de una mujer que voluntariamente se entrega, una prostituta; para el mexicano, en ser un fruto de una violación”.

En la página 77 dice: “Por contraposición a Guadalupe, que es la Madre virgen, la Chingada es la Madre violada. Ni en ella ni en la Virgen se encuentran rastros de los atributos negros de la Gran Diosa: lasciva en Amaterasu y Afrodita, crueldad en Artemisa y Astarté, magia funesta de Circe, amor por la sangre de Kali. Se trata de figuras pasivas. Guadalupe es la receptividad pura  y los beneficios que produce son del mismo orden: consuela, serena, aquieta, enjuga las lágrimas, calma las pasiones. La Chingada es aún más pasiva. Su pasividad es abyecta: no ofrece resistencia a la violencia, es un montón inerte de sangre, huesos y polvo. Su mancha es constitucional y reside, según se ha dicho más arriba, en su sexo. Esta pasividad abierta al exterior la lleva a perder su identidad: es la Chingada. Pierde su nombre, no es nadie ya, se confunde con la nada, es la Nada. Y sin embargo, es la atroz encarnación de la condición femenina”.

Conclusión, tras este apretado breviario cultural: todos los mexicanos somos hijos de la Chingada, es decir, todos somos iguales. Pero, atención, parafraseando a George Orwell, habría que agregar: algunos hijos de la Chingada son más iguales que otros.

Mientras tanto, felicidades en su día a todas las madres mexicanas; muy en especial, a todas aquellas que tienen hijos que son políticos.

*Columna publicada el 10 de mayo de 2013.