POR Jorge Octavio González
Mario Delgado Carrillo es un político impresentable y carga un sinfín de asuntos graves y criticables como utilizar recursos de Sergio Carmona Angulo El Rey del Huachicol en las campañas del 2021 y tener un expediente abierto en Estados Unidos que, dicen algunos, está próximo a darse a conocer a la opinión pública.
Pero tiene toda la razón cuando expuso sus argumentos para adelantar las vacaciones de este ciclo escolar: después del 15 de junio, cuando se hace la entrega de las calificaciones, ya no hay gran cosa que hacer en las escuelas.
Quienes se rasgaron las vestiduras y pusieron el grito en el cielo fueron los padres de familia que, ciertamente, no están acostumbrados a convivir con sus hijos y prefieren evadir la responsabilidad de educar a los niños para que esa tarea la realicen los maestros.
El diagnóstico leído por Mario Delgado Carrillo no es popular, desde luego; sin embargo su función como titular de la SEP no es ser complaciente con los padres de familia y mantenerlos en su zona de confort sino cuidar la salud mental de los niños y de los docentes.
La argumentación de quién va a cuidar a los niños si no lo hacen los profesores es un tanto egoísta y falaz: el maestro también tiene hijos y saturar a los niños de clases y sólo 20 días de vacaciones no es lo más pedagógico que digamos.
Justo en los años 80 y 90 del siglo pasado, sin embargo, las vacaciones de verano eran largas, como debe ser el descanso para los alumnos y los maestros; el problema es que a los neoliberales que estudiaron en Harvard o Yale o Princeton se les hizo fácil traer un modelo similar al país y aplicarlo sin ver las condiciones económicas y socioculturales de la niñez mexicana.
La Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto, aunque tenía cosas buenas como la evaluación de los maestros y la asignación de plazas por concurso y ya no por herencia, fue derogada por Andrés Manuel López Obrador a petición del SNTE y la CNTE: regresaron sus privilegios y prácticas corruptas a costa de la educación de los niños.
Y hoy, los mismos que aplaudieron la eliminación del nuevo modelo educativo que daría resultados a diez años de su implementación, se enojaron por el adelanto de las vacaciones, como si tener a sus hijos más tiempo en sus casas fuera una afrenta y no la oportunidad de reforzar los lazos afectivos con ellos.
El secretario de Educación Pública dijo algo cierto, pero impopular: “Se desvirtúa la dignidad docente y se convierte la escuela en una estancia forzada: ese tiempo muerto a veces es burocracia que roba espacio a la convivencia familiar y a la salud mental de nuestra niñez”.
Y agregó: “Para el magisterio el descanso es un derecho laboral y una necesidad pedagógica: la estabilidad emocional del docente es la base de la calidad educativa”.
Hoy, después el escándalo e indignación generada por el adelanto de las vacaciones, el gobierno federal reculó y les regaló a los padres de familia más tiempo para estar en sus trabajos y sus actividades recreativas y menos para la convivencia con sus hijos: todo queda igual para que papá y mamá sólo vean a su bendición un ratito en la noche.
Si así fueran para defender sus derechos y no dejarse aplastar por la autocracia otra cosa sería.
Puede no haber democracia, tener jueces puestos por el crimen organizado, autoridades electorales al servicio del partido en el poder y el uso faccioso de la violencia política en razón de género como arma de censura e intimidación.
Pero que no los obliguen a tener a sus hijos unas semanas más en sus casas porque ahí sí se movilizan y presionan hasta doblegar a la autoridad.
Así sus prioridades.
