POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Lo que suponía una acción que al alcalde de Manzanillo, Virgilio Mendoza Amescua, elevaría casi a la categoría de “mártir” por la casi obscena forma de quererlo bajar del caballo de la candidatura del PAN a gobernador del estado en el 2009, al final de cuentas se convirtió en el paredón de fusilamiento de 30 empleados del ayuntamiento porteño cuyo mayor pecado es el de ser naboristas confesos.
De entrada, todo indicaba que Virgilio Mendoza se iba a erigir en la inocente “víctima” de la “maldad” de los priistas y panistas que ajustaron cuentas antes de tiempo con el que supuestamente tenía mayor capital político para alzarse con la candidatura de su partido el próximo año; sin embargo, ahora resulta que al alcalde porteño no es al que, en recuerdo de su tocayo el poeta, quemarán vivo en el infierno dantesco, sino que él es el que se encargará de chamuscar a otros.
En efecto, dado que Virgilio Mendoza llegó al cargo que actualmente tiene por el respaldo político otorgado por su antecesor y actual diputado federal, el acapulqueño tropical Nabor Ochoa López, un buen número de seguidores del guerrerense avecindado en Manzanillo logró colarse a la nómina municipal. Que esa treintena de empleados cumplieran o no con sus funciones ya es otro boleto: el compromiso fue que se les otorgaran salarios como parte de las negociaciones.
Pero ya vemos lo revanchista que puede ser un político atrapado de los dedos con la puerta del despacho de la presidencia municipal de Manzanillo, pues en represalia porque gentes del acapulqueño tropical son los que originalmente exhibieron en toda su descarnada magnitud las miserias de Virgilio Mendoza, ahora éste en venganza pretende despedir a una treintena de funcionarios identificados con el diputado federal.
O sea: la blanca palomita que nos quieren vender de Virgilio Mendoza, elevado de inmediato a la categoría de “mártir”, casi al mismo nivel de San Francisco de Asís (seguramente porque ambos se entienden muy bien con los animales), resulta que no lo es tanto. Así, lejos de ir entre las llamas del fuego eterno, es el alcalde porteño el que quiere convertir en un infierno la vida de una treintena de naboristas a los que piensa poner de patitas en la calle.
Tal como lo sostengo en esta columna de culto el martes pasado, me parece una exageración pedir la destitución de Virgilio Mendoza de su cargo de presidente municipal de Manzanillo; sin embargo, ni dios padre lo va a salvar de la inhabilitación por seis años para obtener algún cargo de elección popular local, lo que incluye el de gobernador del estado. Porque si bien las fechas coinciden con la nominación de candidatos del PAN a cargos de elección popular, lo cierto es que el edil porteño tendrá que asumir los costos por las irregularidades que sí cometió.
Pretender el camino fácil de la “victimización” es un recurso trillado que no siempre deja buenos resultados. Es posible que en el municipio de Manzanillo se traguen el cuento de que la del Congreso local es una maniobra para sacar al neopanista Virgilio Mendoza de la jugada en la búsqueda de la gubernatura del estado; pero no en el resto del estado, sobre todo si se recalca muy insistentemente que el edil porteño cometió hasta actos de corrupción bastante visibles.
Pero aunque en el bastión blanquiazul que es Manzanillo se traguen la tierna historia del pequeño David enfrentado al gigante Goliat, es seguro que muchos de ellos no comulgan con ruedas de molino: en el municipio costero es donde se destaparon las cañerías del agua sucia que corría por las tuberías que pasan justo bajo el despacho de Virgilio Mendoza; peor aún, todo fue una maquinación de los propios panistas.
Aunque naboristas no es sinónimo de panistas en Manzanillo, las gentes del acapulqueño tropical llegaron de la mano del alcalde porteño en el 2006, cuando todo era una hermosa luna de miel entre el diputado federal Nabor Ochoa y su “delfín” Virgilio Mendoza. Pero ahora, en venganza porque las cosas no le han salido como las tenía planeadas, el presidente municipal tomará desquite contra la treintena de sus antiguos aliados.
Si eso no es una soberana canallada de parte del presidente municipal no sólo contra un grupo de naboristas, sino también de simpatizantes que trabajaron para que el PAN tuviera carro completo en Manzanillo en el 2006, entonces Fernandone Moreno Peña y Humberto “El León Modorro” Silva Ochoa son los políticos más pulcros, honestos, íntegros, decentes y honrados de todo el estado de Colima.
Columna publicada el 19 de noviembre de 2008.
