POR Jorge Octavio González
En Colima, cuando se comete un crimen de alto perfil, todos salen a exigir resultados de inmediato y quieren los detalles del caso; el problema es que las autoridades siempre guardan un silencio cómplice y prefieren mantenerse en la opacidad.
Hace un mes, en el municipio de Cuauhtémoc, acribillaron a Gaby Mejía al interior de su camioneta; el modus operandi fue, sin lugar a dudas, con todo el sello del crimen organizado.
Salieron políticos y activistas a exigir justicia por la madre que ya no vería a sus hijos, sobre todo al recién nacido; pidieron que no hubiera chivos expiatorios y que se diera con la verdad hasta donde topara.
Este miércoles 12 de noviembre, en una entrevista banquetera, los medios abordaron al fiscal general del Estado para que diera a conocer avances de las investigaciones; la cuestión es que a los amigos y socios de la ex presidenta municipal de Cuauhtémoc no les gustó lo que dijo ante las cámaras y micrófonos.
¿Querían la verdad o una narrativa exculpatoria?
Son tres hechos los que, ciertamente, son dignos de analizar sobre lo que dijo el fiscal Bryant Alejandro García Ramírez. Y cabe destacar que lo dicho por el funcionario no son suposiciones, chismes ni inventos; son datos que se encuentran en las carpetas de investigación sobre el caso.
Primero hecho. Gaby Mejía, de acuerdo a lo que ha investigado la Fiscalía General del Estado de Colima, debía mucho dinero y se vio en la necesidad de pedir préstamos donde tenía posibilidades.
¿Es importante este dato? Sí. En este país, lamentablemente, asesinan a personas que deben mil míseros pesos.
Las deudas, sobre todo las grandes, claro que son una línea de investigación a seguir.
Segundo hecho. Gaby Mejía estuvo viviendo en una casa que pertenece a un delincuente que tuvo que huir de Cuauhtémoc en medio de la ola de violencia en ese municipio.
Aunque el fiscal no aclaró a qué época se refería, se infiere que sucedió cuando la hoy finada era presidenta municipal.
¿Esta información debe saberse?
Por supuesto que sí. Y de esto se desprenden varias preguntas: ¿Por qué Gaby Mejía vivía en casa de un criminal? ¿Cuándo la habitó? ¿Por cuánto tiempo? ¿Vivía ahí porque el delincuente se la prestó? ¿La ocupó así nomás cuando el sujeto tuvo que huir del municipio? ¿Por qué vivir en un lugar que tarde o temprano, dada la naturaleza criminal del dueño, podría ser atacada?
Y tercer hecho. Gaby Mejía fue acribillada en una camioneta que es propiedad de un miembro de una organización criminal de Jalisco, también llamada las cuatro letras.
¿Es trascendente esta información?
Pero por supuesto que sí. De nueva cuenta: ¿por qué la regidora del PRI tenía a su disposición un vehículo propiedad de un integrante de una organización criminal? ¿Se la dio el criminal? ¿Se la agenció a la brava? ¿Era a cambio de algo? ¿Por qué utilizar una camioneta que, en el mundo criminal, estaba identificada por los enemigos de las cuatro letras y que —como lamentablemente sucedió— podía ser atacada a balazos con toda la intención de acabar con su vida?
No hay que asustarse: si Gaby Mejía tenía vínculos o no con el crimen organizado es algo que debemos saber todos.
Si vamos a empezar a exigir respuestas de los crímenes que se cometen en Colima, con todos los detalles que esto implica, también debemos estar preparados para saber la verdad, por más dura que sea.
¿O sólo quieren escuchar maravillas de las víctimas?
Que al fiscal se fue de lengua, tal vez, pero eso es mejor a que nos mientan o que nos mantengan en la opacidad, como ha sucedido con los asesinatos de alto perfil del pasado, como el de Silverio Cavazos Ceballos, el atentado contra Fernando Moreno Peña por miembros de un cártel de la droga, el de la diputada Anel Bueno Sánchez, el de Crispín Gutiérrez Moreno, el de Samuel Rodríguez Moreno…
Los tres hechos aquí expuestos no son suposiciones, especulaciones, chismes ni inventos; están en la carpeta de investigación de la Fiscalía General del Estado de Colima sobre el asesinato de Gaby Mejía.
