POR Bibiano Moreno Montes de Oca
El dirigente del sindicato de burócratas estatales, Víctor Vázquez Cerda, es un cínico redomado. Nada bueno ha hecho por sus “representados”, aparte de enriquecerse a sus costillas, como para que se le otorgue el beneplácito de una reelección; sin embargo, el tipo se siente bien amado y va por otros sabrosos tres años.
¿Es muy aceptado el “líder sindical” de la burocracia estatal? No: lo aprecia una corriente muy reducida; el resto lo acepta de dientes para afuera. Y no es para menos: con tal de salirse con la suya, Víctor Vázquez ha sido capaz de cometer cualquier atropello, así vaya contra los que durante muchos años fueron sus compañeros de luchas sindicales.
La historia ya la comenté en otra ocasión, pero vale la pena repetirla en el contexto de la próxima reelección del secretario general del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Gobierno del Estado.
Durante dos ocasiones quiso ser regidor, con tan mala suerte que en los dos intentos se quedó con las ganas. Cuando Mario Anguiano Moreno resultó candidato a presidente municipal de Colima, Víctor Vázquez no le tuvo ninguna fe; en consecuencia, aceptó ir de suplente de una compañera de su propio sindicato, que iba como propietaria.
Cuando Víctor Vázquez se dio cuenta del grave error de haber desdeñado a Mario Anguiano, de inmediato movió cielo, mar y tierra para que la regidora propietaria, que se había ganado la posición a ley, fuera “enfermada” y le cediera su lugar a él, para lo cual no le importó pasar por encima de la dignidad de una mujer, ya no digamos compañera de sindicato.
Al final, el miserable Víctor Vázquez se salió con la suya: fue regidor el trienio completo de la administración anguianista. ¿Hizo algo por alguien en el cargo? Claro que no: sólo se dedicó a cobrar como integrante del cabildo y como “líder sindical”. Terminada su “gestión” de regidor, se convirtió en diputado plurinominal, donde durante los tres años bailó alegremente el jarabe tapatío sobre la ley que rige a los burócratas.
En efecto, la Ley de los Trabajadores al Servicio del Gobierno, Ayuntamientos y Organismos Descentralizados del Estado de Colima, en su artículo 95, dice lo siguiente: “Cuando los trabajadores de base sindicalizados desempeñen un puesto de confianza o de elección popular, quedarán en suspenso todas sus obligaciones y derechos sindicales”.
En términos claros, Víctor Vázquez debió haber optado por ser diputado y renunciar a su cargo de “líder sindical”; o bien, no aceptar ser integrante del Poder Legislativo y seguir al frente del sindicato. Cualquiera opción hubiera respetado el espíritu de la ley; pero al haber decidido ser las dos cosas a la vez –diputado y dirigente sindical—, la violó sin piedad alguna.
Paralelamente a su “brillante trayectoria”, Víctor Vázquez ya había logrado acomodar a su esposa en chambas de lujo: la buena mujer se chutó siete años de consejera del IEE (donde su mediocre paso no dejó ninguna huella); ahora, como magistrada del TEE, va por otros siete sabrosos años más, con sueldo mensual de más de 70 mil pesos, que obviamente no desquita.
Y ese es el Víctor Vázquez que, muy orondo, busca la reelección en el cargo por otros jugosos tres años más, al fin que la borregada aguanta todo.
*Columna publicada el 28 de junio de 2013.
