POR Jorge Octavio González
En Colima, como en el resto del país, hay personas que se meten a la política porque tienen tanto dinero que dicen querer ayudar a la gente; el problema es que creen que pueden replicar la frivolidad en el servicio público.
Un caso ilustra lo anterior.
Sofía Peralta Ferro. La diputada panista, que ya fue regidora en el ayuntamiento de Villa de Álvarez, creció en el privilegio; en diversas entrevistas que ha dado no ha tenido empacho en admitir que nunca ha sufrido carencias ni necesidades.
Y qué bueno que haya tenido un padre que la consintió demasiado y que, de los negocios al amparo del poder, haya salido dinero para financiar estudios y campañas electorales que han llevado a Peralta Ferro a los cargos que ha ostentado.
En el 2027, después de ser regidora en Villa de Álvarez y hoy diputada en el Congreso del Estado, Sofía Peralta Ferro está buscando la candidatura del PAN a la presidencia municipal La Villa.
Aunque no tiene experiencia administrativa, pues como regidora sólo se la pasó haciendo campaña para ser diputada y como legisladora está haciendo lo mismo para ser presidenta municipal, la panista se cree con las cartas credenciales para gobernar uno de los municipios más complejos de la entidad.
Sofía Peralta podrá tener todo el respaldo económico para tapizar de espectaculares y lonas las calles villanas; la cuestión es que la gente del municipio quiere autoridades serias y que en realidad administren los recursos de manera responsable.
Si hoy, sin tener a su disposición recursos públicos, se puede ver el despliegue oneroso para llenar todas las calles y avenidas con su imagen, no nos queremos imaginar lo que hará cuando maneje a discreción millones de pesos del presupuesto.
Peralta Ferro, aun cuando vaya a comunidades y zonas marginadas a regalar despensas y llevar eventos púbicos, no encaja entre la gente humilde: ella se ve diferente, vive diferente, al resto de las personas que sí tienen que trabajar para mantener a sus familias.
La diputada, si bien intenta ayudar a los más necesitados, no se ve auténtica: se ve que sigue un guion cuyo objetivo es ganar simpatías entre el electorado. Nada más.
En este Mundial de Fútbol 2026, mientras la selección mexicana dio lo mejor de sí en los cuatro partidos que jugó, Sofía Peralta se colgó del evento para hacer campaña: nada más que no fue tan discreta y mostró un estilo de vida que no tiene la gran mayoría de los colimenses.
Y ese es el problema: Sofía Peralta, por más que quiera, no puede ocultar de dónde viene ni quiénes están detrás de ella; no puede desaparecer como por arte de magia la soberbia y la frivolidad con la que se conduce en el día a día.
Aunque en un programa de internet tuvo el descaro de decir que nadie la había llamado niña mimada, porque seguramente vive en una burbuja que no la deja ver más allá, la diputada panista es altanera y frívola: es adicta a las selfies y a los reflectores.
Pero tiene tiempo para madurar y regresar en tres años más: así podrá mostrar su mejor versión como política.
