Uno de los payasos*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

Tras la violenta muerte de Silverio Cavazos Ceballos, ex gobernador del estado, todas las miradas se volvieron hacia la enana figura de otro ex, el “porro” Fernando Moreno Peña, casi en automático. Tanta verborrea y ataques sistemáticos al de Tecomán ameritaban una amplia respuesta de alguien que, de pronto, varias semanas dio la impresión de haberse quedado en estado catatónico, como los zombis de Sahuayo.

Al final, tras muchas especulaciones, el “porro” Fernando Moreno se dignó dar una respuesta saturada de retórica, muy propia de alguien que le dicta a sus amanuenses y cuya aportación intelectual sólo se limita a poner su firma. En el fondo, la supuesta respuesta no aclaró nada; más bien, se limitó a dejar más hoyos negros.

No obstante, este preámbulo no es para analizar el texto del zotaco infernal en el que hace supuestas aclaraciones, sino para hacer hincapié en la obsesión del personaje que se niega a aceptar que su momento histórico ya pasó, que son otros los tiempos que corren y, sobre todo, que ya no tiene cabida en un gobierno legítimo al que atacó con toda la saña e hizo todo lo posible para que abortara como proyecto político viable.

En el artículo que le escribieron y del que lo único verdadero es su nombre, el capo de tutti capi pretende, por enésima vez, hacer creer que él es el centro del espectáculo, cuando en realidad no pasa de ser uno más de los payasos. Sin embargo, en la enfermiza fijación que tiene por comparar a los demás gobiernos con el suyo, no tiene empacho de echar mano de cuanto foro se le presenta para tratar de desacreditar a las administraciones que no le son afines; en este caso, la  de Mario Anguiano Moreno.

El propio gobernador del estado se ha encargado de replicar a los arteros ataques del que, como el “porro” que ha sido durante toda su existencia, actúa como vulgar peleador callejero. De igual forma, el secretario General de Gobierno, Jesús Orozco Alfaro, ha secundado a su jefe político en la precisión de datos sobre el tema que le resulta tan caro a Fernando Moreno: la inseguridad.

La historia no se escribe por sexenios; máxime en un régimen presidencialista como el nuestro. Así, aunque haya necios –principalmente panistas— que se empeñan en responsabilizar a los gobiernos estatales de la inseguridad que permea en el país, lo cierto es que fue el presidente Felipe Calderón Hinojosa el que se encargó de poner a los mexicanos al borde del precipicio por su afán de legitimarse después de una elección repleta de irregularidades.

Si Felipe Calderón hubiera ganado con un amplio margen, o al menos con uno que no dejara lugar a suspicacias, la guerra a muerte contra el crimen organizado jamás hubiera existido, pues otros temas de su agenda reclamarían la debida atención. Sin embargo, como el presidente tenía que sacudirse el remoquete de espurio de alguna forma, hubo que abrir un frente que a los mexicanos les ha costado ya más de 30 mil muertes.

Ciertamente, existen estados en los que se dio manga ancha a los narcos, al grado de que prácticamente son ellos los que mandan ahí; por ejemplo, en Sinaloa, Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua, Michoacán y Guerrero. Son seis o siete entidades las que requerían de atención especial; pero al menos el mal no se había extendido a todo el país. Con la unilateral guerra declarada al crimen organizado, el cáncer hizo presa al país entero.

En este contexto es en el que Mario Anguiano llegó al gobierno estatal; no es, por tanto, responsable del avispero que había causado tres años atrás el presidente Felipe Calderón. Así, pues, con Silverio Cavazos comenzaron los problemas, mismos que se recrudecieron en el primer año de MAM. Era lógico que así fuera: al ser Felipe Calderón el ilegítimo presidente de México, la geografía completa se tiñó de rojo y Colima no podía ser la excepción.

Por supuesto, los gobiernos estatales no pueden ser ajenos a la problemática nacional; pero la deben enfrentar de acuerdo a las facultades que poseen y no a capricho del presidente en turno, pues hay áreas delictivas que pertenecen a la esfera  federal. De hecho, el delito más importante al que se combate en estos momentos, que es el del narcotráfico, corresponde al ámbito de la federación, no al estatal o al municipal.

No creo que ese impedimento sea pretexto para que los gobiernos estatales se queden cruzados de brazos; pero insisto en que cada uno desde la trinchera que le corresponde, sin injerencias ni avasallamientos de ningún tipo. En este sentido, al “porro” Fernando Moreno le tocó la suerte de gobernar con presidentes a modo: por un lado, el inepto Ernesto Zedillo que le dio todo lo que quiso; por el otro, un Vicente Fox Quesada que vivió todo el tiempo en las nubes.

Más que combate, el narcotráfico fue administrado en los sexenios de Zedillo y de Fox, como se hace en Estados Unidos. Con Felipe Calderón las cosas hubieran seguido igual; sin embargo, la falta de legitimidad hacía necesaria una buena coartada. Fue así que a Silverio Cavazos y, enseguida, a Mario Anguiano les tocó bailar con la más fea; pero eso fue por un mal que se desencadenó desde Los Pinos: no con Zedillo, no con Fox, sino con el espurio Calderón.

Lo anterior es algo que el capo de tutti capi jamás va a poder aceptar, pero se debe insistir que Zedillo y Fox, los dos presidentes que le tocaron en su sexenio estatal, sólo administraron al narco durante sus respectivos gobiernos. ¡Cuándo iba a imaginar Mario Anguiano que a él le tocaría un presidente tan primitivo y torpe como Felipe Calderón!

*Columna publicada el 3 de enero de 2011.