POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Es difícil poder establecer detalladamente si en otras entidades ocurre algo parecido; pero por lo que respecta a Colima, parece que hay una tendencia a implantar una siniestra tradición: la de matar a los ex gobernadores e incluso a los gobernadores en funciones, como si no existiera ningún respeto por la vida humana. El atentado a Fernando Moreno Peña es el más reciente ejemplo de mi teoría.
En Tamaulipas hay ciertas similitudes con las de Colima, pues allá se asesinó al entonces candidato del PRI a gobernador del estado hace cinco años, siendo sustituido el difunto por su hermano Egidio Torre, al que le resta un año para dejar el poder. En la actualidad, en plena temporada de encartes y descartes entre los pre candidatos tamaulipecos de los partidos más importantes, la amenaza que se cierne sobre los posibles postulantes continúa latente.
No es para menos: se trata de un estado prácticamente controlado por los narcos, de ahí que este tipo de amenazas suenen lógicas en una región donde la violencia está incontrolable. Por supuesto, eso no sólo ocurre en Tamaulipas, sino también en zonas específicas de entidades como Michoacán, Sinaloa, Morelos y Guerrero, donde los mandos policiacos han sido rebasados. En Colima estamos lejos de encontrarnos en la misma situación; sin embargo, hechos como el que le tocó a Fernando Moreno son preocupantes: marcan una tendencia.
En 1973, ya como gobernador electo, murió “misteriosamente” el profesor Antonio Barbosa Heldt. Este episodio lo narra Ismael Aguayo Figueroa en su Anecdotario político colimense: si bien se caracterizó por su oficialismo, el periodista y escritor reseña de manera puntual este capítulo que pertenece a una etapa de la historia de Colima, donde también “misteriosamente” fueron muriendo personajes muy cercanos al desaparecido mandatario estatal. Así, la muerte de ABH no fue un “suicidio”, sino a todas luces un atentado que jamás se resolvió.
La tradición siguió casi tres décadas después, al morir en febrero del 2004 en un avionazo el gobernador en funciones, el tecomense Gustavo Vázquez Montes, al que acompañaban funcionarios, un empresario y la tripulación de la nave. Aunque se considera un lamentable accidente de aviación, la verdad es que gran parte de la población colimense difiere de la versión oficial, es decir, se queda con la teoría del atentado. ¿Atentado de parte de quién? Misterio.
En 2010, a casi un año de haber dejado el poder, el ex gobernador Silverio Cavazos Ceballos fue asesinado afuera de su casa, de la que salió a petición de Rafael El carnicero de Lyon Gutiérrez Villalobos, a la sazón secretario de Fomento Económico. Al ahora secretario General de Gobierno, pues, le tocó ser testigo presencial del atentado sufrido por el tecomense, que paradójicamente había llegado a continuar el sexenio iniciado por el difunto GVM.
En octubre 12 de este 2015, para seguir con esta siniestra tradición, el ex gobernador Fernando Moreno sufrió un atentado en Los naranjos campestre, un restorán que, amén de contar con una pésima cocina (los conchudos propietarios crearon fama y se echaron a dormir felizmente), es el favorito de la clase política de Colima. Así, pues, el lugar es caro y malo. Y ahora, de pilón, es un local al que el atentado le creará más mala fama de la que ya tiene.
Los dos tipos jóvenes que llegaron junto a FMP y le dispararon a quemarropa tenían toda la pinta de sicarios al servicio del narco. Del motivo por el que lo quisieron privar de la vida no se sabe mucho. Lo insólito es que, a pesar de haber recibido seis impactos de bala en el cuerpo, el también ex rector de la Universidad de Colima logró sobrevivir a los balazos a sus 65 años de edad. Claro, tuvo mucho que ver el auxilio aplicado por Carlos El pollonón Salazar Silva, que compartía la mesa con él en esos momentos. De hecho, si no es por la oportuna intervención de CSS, FMP no la cuenta.
Al igual que muchos actores políticos, tanto locales como nacionales, el autor de esta columna de culto lamenta que ocurran este tipo de acontecimientos en Colima. Ciertamente, la violencia en la entidad ha crecido en los últimos días; especialmente cuando el actual sexenio toca a su fin, lo que no es ignorado por el crimen organizado, que aprovecha la ocasión para meterle pánico a la sociedad colimense en un momento crucial en el que no se define aún si se ratifica el triunfo del gobernador electo o si se anula la elección.
En lo que se define una cosa u otra, el que mejor aprovecha el tiempo en Colima es el crimen organizado. Lo vemos hoy con el atentado cometido contra Fernando Moreno, al que de nada le valió la seguridad que tiene todo el tiempo en su calidad de ex gobernador.
*Columna publicada el 13 de octubre de 2015.
