La política tiene una virtud que tarde o temprano termina imponiéndose sobre los discursos: la memoria.
Los ciudadanos pueden perdonar errores, pueden comprender circunstancias difíciles e incluso conceder nuevas oportunidades. Lo que difícilmente aceptan es que se les pretenda convencer de que el pasado no existió.
Eso es precisamente lo que hoy ocurre en Movimiento Ciudadano en Colima.
Mientras la dirigencia estatal intenta construir una narrativa de crecimiento y fortalecimiento, en los hechos se observa la consolidación de un grupo político integrado por personajes vinculados al proyecto que encabezó el exgobernador José Ignacio Peralta Sánchez, una administración que concluyó en medio de una de las mayores crisis financieras y sociales de la historia reciente del estado: Margarita Moreno y Jesús Dueñas
Los colimenses recuerdan perfectamente aquellos días de 2021.
Recuerdan a miles de trabajadores estatales, maestros, jubilados y pensionados enfrentando la incertidumbre por el pago de salarios y prestaciones.
Recuerdan las declaraciones oficiales, las conferencias de prensa, los mensajes institucionales y los esfuerzos por justificar una situación que terminó afectando a miles de familias. El video inolvidable del cinismo de Nacho Peralta, flanqueado por dos de sus colaboradores, todos muy orondos y anunciando el entonces gobernador que no iba a pagar a burócratas y magisterio estatal.
Recuerdan también a quienes formaban parte de aquel equipo político.
Por eso resulta inevitable preguntarse si Movimiento Ciudadano está construyendo una alternativa ciudadana o simplemente se está convirtiendo en el nuevo domicilio político de quienes fueron protagonistas o beneficiarios de aquel proyecto.
La pregunta adquiere mayor relevancia cuando se observa quiénes toman hoy las decisiones al interior del partido.
No son precisamente los liderazgos que construyeron electoralmente a Movimiento Ciudadano en los momentos más difíciles.
No son quienes en verdad caminaron y ofrecieron una alternativa fresca y atractiva, cuando la marca partidista apenas iniciaba a consolidarse.
Son, en buena medida, personajes vinculados a grupos de poder que durante años controlaron la política estatal desde otras siglas.
Mientras tanto, quienes aportaron resultados electorales comprobables han sido sistemáticamente relegados.
El caso de Federico Rangel resulta particularmente ilustrativo.
En la elección municipal de Colima de 2021 obtuvo más de quince mil votos encabezando una candidatura que enfrentó condiciones complejas y sin disponer de la estructura gubernamental que tradicionalmente acompaña a quienes ejercen el poder.
Tres años después, en 2024, Margarita Moreno alcanzó poco más de diecisiete mil votos después de haber sido presidenta municipal de la capital.
La diferencia electoral fue mínima.
La diferencia en las condiciones de competencia fue enorme.
Al arribo de la dirigencia de MC del grupo cercano a Ignacio Peralta, lejos de reconocer los resultados electorales y el capital político construido durante años de trabajo institucional y territorial, Federico Rangel y su equipo fueron relegados y excluidos de las posiciones que su trayectoria y rentabilidad electoral acreditaban, la nueva dirigencia privilegió el amiguísimo y otros intereses.
La exclusión no parece responder a resultados electorales.
Responde a grupos.
Responde a acuerdos.
Responde a una lógica de control político que poco tiene que ver con la participación democrática que Movimiento Ciudadano dice promover.
La situación se vuelve aún más contradictoria cuando se observan las incorporaciones recientes: Alondra López.
Personajes que han transitado de partido en partido MC, PAN, VERDE, PAN como regidora actual y ahora se va a MC, son presentados como grandes adquisiciones políticas, aun cuando su aportación electoral o social haya sido limitada.
Se privilegia la fotografía y los videos sobre la trayectoria y el trabajo en territorio.
La coyuntura sobre la congruencia.
La conveniencia sobre los principios.
Y mientras eso ocurre, figuras como Griselda Martínez y Martha Zepeda enfrentan una realidad que debería llevarlas a la reflexión.
Fueron marginadas o minimizadas cuando sus posiciones resultaban incómodas para determinados grupos internos de MC.
Posteriormente fueron buscadas cuando su presencia resultó útil para objetivos políticos específicos en contra de la gobernadora Indira Vizcaino.
La pregunta es inevitable:
¿Cuánto tiempo podrán coexistir liderazgos con trayectoria propia dentro de un proyecto donde las decisiones parecen responder cada vez más a intereses ajenos a la militancia y a la ciudadanía?
Porque el problema de fondo no es la incorporación de nuevos perfiles.
Toda organización política necesita sumar talento y abrir espacios.
El problema aparece cuando las decisiones terminan favoreciendo precisamente a quienes representan aquello que se decía combatir.
Los ciudadanos observan.
Observan que algunos de los actores más visibles del actual Movimiento Ciudadano mantienen cercanía política con quienes acompañaron al gobierno que dejó al estado sumido en una profunda crisis financiera.
Observan que figuras vinculadas al grupo del exgobernador Ignacio Peralta encuentran nuevos espacios de influencia.
Observan que personajes relacionados con aquella etapa continúan tomando decisiones relevantes dentro del partido.
Y observan también que quienes aportaron votos, trabajo territorial y resultados son desplazados por acuerdos de élite.
La historia política de Colima demuestra que los proyectos construidos desde las cúpulas suelen perder contacto con la ciudadanía.
Cuando las decisiones se toman para favorecer grupos y no causas, el desgaste es inevitable.
Cuando se privilegian intereses particulares sobre el mérito político, la credibilidad comienza a erosionarse.
Y cuando un partido deja de escuchar a quienes lo fortalecieron desde abajo para atender exclusivamente a quienes llegan desde arriba, corre el riesgo de perder su esencia.
Movimiento Ciudadano aún está a tiempo de definir su rumbo.
Puede optar por fortalecer liderazgos auténticamente ciudadanos, construidos con trabajo y resultados.
O puede continuar por la ruta de las incorporaciones mediáticas, los acuerdos cupulares y la rehabilitación política de grupos cuya gestión permanece en la memoria colectiva de los colimenses.
La decisión corresponde a sus dirigentes.
El juicio, como siempre, corresponderá a los ciudadanos.
Porque en política los discursos pueden cambiar.
Las siglas pueden cambiar.
Los colores pueden cambiar.
Lo que nunca cambia es la memoria de la gente.
Hay ausencias que son mensajes. Margarita Moreno, ya se veía con tres regidores y siendo la segunda fuerza política en el Cabildo del Municipio de Colima, con todo lo que eso conlleva, presiones negociaciones, etc.
