POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Un dato publicado en El Universal el miércoles anterior es desalentador por ser el reflejo de una política económica fallida de ese que presumió que sería el presidente del empleo. El encabezado de la nota dice así: “Congela crisis 50% de cuentas Afore”. El “balazo” de esa misma “cabeza” no puede ser más explícito de la gravedad del problema: “En 36 meses no se han recibido aportaciones: Consar”.
La información anterior, resumida en encabezado y “balazo”, es totalmente verdadera. No es que se pudiera dudar de las cifras que proporciona una instancia oficial (Consar) y los expertos consultados por el citado periódico, sino que tengo la plena seguridad de que lo dicho se apega a la verdad porque parto de una certeza: mi propia experiencia personal.
Cuando se habla de que en 36 meses no se han recibido aportaciones en las Afores, es porque casi eso es lo mismo que yo tengo de haber dejado de cotizar en el IMSS y, por tanto, de entregar parte de mi correspondiente cuota. En efecto: el próximo mes de marzo cumpliré tres años (36 meses) de haber sido dado de baja al recibir mi liquidación en el periódico Panorama, donde trabajé por más de dos décadas.
La historia es más o menos conocida: los compradores del periódico adquirieron el compromiso de re contratar a algunos de los periodistas que habíamos trabajado en cargos directivos con el anterior propietario, Luis Arvizu Negrete. El problema, empero, fue que los nuevos dueños, los seudoempresarios que integran la familia Ordorica, nunca cumplieron el acuerdo; más aún: ni siquiera han sido capaces de re lanzar la publicación, totalmente modernizada, como también habían ofrecido al llevar a cabo la adquisición.
(Por cierto, las instalaciones del periódico lucen cochinas y descuidadas, lo que indica que los nuevos propietarios no sólo son sucios por dentro, sino que también lo son por fuera. Y el colmo: en vez de elaborar el periódico Panorama, donde se tiene la nueva máquina para imprimir a todo color, se edita otro que pasa inadvertido por su intrascendencia y con un directorio apócrifo, pues aún hay reservas para decidir a nombre de quién va a quedar esa propiedad que se adquirió con la sospecha de la duda).
Los seudoempresarios Ordorica, que gustan hacer negocios de saliva y se caracterizan por su ojetez, primeramente intentaron hacer el nuevo periódico con el mismo personal de la radiodifusora de la que son concesionarios, algo que no sería tan descabellado, dado que informar es la esencia que hermana a los dos medios de comunicación, de no ser porque la salivosa familia quería que todo saliera por el mismo boleto.
Me explico: los salivosos Ordorica querían que el personal de la radio realizara el mismo trabajo para el periódico, pero sin recibir remuneración extra, cuando a todas luces se trata de dos trabajos diferentes, aun cuando la premisa es la misma. Dicho de otra manera: los seudoempresarios de marras querían hacer trabajar el doble a su personal, pero pagando sólo una jornada laboral, fieles a su estilo explotador.
En otra ocasión mencioné este episodio, haciendo notar que el sindicato de la empresa radiofónica puso el grito en el cielo, defendiendo realmente los intereses de sus agremiados. Así, al negarse los Ordorica a remunerar lo debido a sus empleados, a los que querían obligar a que trabajaran en la radio y en el periódico por la misma paga, el proyectado re lanzamiento de Panorama se quedó a dormir el sueño de los justos. Y de eso hace ya tres largos años.
Menciono lo anterior porque, en efecto, igual que mi caso, existen otros muchos que, de pronto, se vieron en las pavorosas filas de los desempleados que ya no tuvieron la oportunidad de seguirle aportando a las respectivas Afores, lo que traerá como consecuencia algo sumamente aterrador: que el 75 por ciento de los que hemos trabajado toda la vida no logremos una pensión digna cuando ya nos la hayamos ganado.
En mi caso particular el asunte resulta inquietante: me quedan varios años de vida productiva, pero sin un empleo que proporcione el IMSS difícilmente podré ver una pensión, ya no digamos digna, sino la limosna que se le otorga a los que están registrados con el salario mínimo. Y el tema resulta desalentador, pues ya han pasado casi tres años y sigo sin Seguro Social.
El asunto de las cuentas congeladas de las Afores no sería algo que me preocupara mucho si, como otros muchos periodistas, contara con otro empleo en el que no corriera peligro mi pensión del IMSS; o bien, estuviera en el caso de algunos otros que, enarbolando cínicamente la bandera de la honestidad, han llegado a tales extremos de corrupción que hoy son felices propietarios de casas de media manzana en la zona norte de esta ciudad (la más cara de Colima), y hasta se dan el lujo de contar con ranchito, con animalitos, con tierritas y con dinerito en una cuenta bancaria.
Pero los que no tenemos nada de lo antes enumerado (apenas una casa de interés social y un auto de cierta dignidad), estaremos fritos si ni siquiera alcanzaremos a contar con una pensión miserable de parte del IMSS, aun cuando toda nuestra vida la hayamos dedicado a trabajar con responsabilidad, con profesionalismo, con ética y como gente de bien.
¿Será ese el precio que hemos de pagar los que no buscamos riqueza, no hicimos negocios con cargos en el gobierno ni nos ofrecimos de prestanombres de políticos ambiciosos e inescrupulosos, sino sólo algo para poder subsistir, acompañado de la familia, lo que nos reste de vida después de traspasar el umbral de la vejez?
Volviendo a la familia Ordorica, insisto en que se trata de seudoempresarios que se especializan en hacer negocios de pura saliva. Veamos: desde hace más de 20 años iban a construir un hotel en donde está la radiodifusora concesionada, pero a la fecha el edificio se encuentra subutilizado; desde hace lustros promovieron la construcción de un mercado de abastos, pero la construcción permanece a medias; iban a modernizar el periódico Panorama y re lanzarlo, pero desde hace tres años no han hecho absolutamente nada.
Tal vez por esa razón los Ordorica no quieren que se sepa de uno de sus negocios que sí ha resultado rentable y es relativamente nuevo: el estacionamiento público que tienen ubicado al otro lado de la presidencia municipal de Colima, predio del que niegan ser los dueños. Como quiera que sea, nunca estacionaré mi coche en ese lugar: no voy a colaborar a hacer más rica a la ya de por sí muy afortunada familia de salivosos mercachifles.
*Columna publicada el 3 de febrero de 2011.
