Los hijos de la tiznada de la región más transparente*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

La región más transparente del Valle de México domina desde el Popocatépetl e Iztaccíhuatl, volcanes que se encuentran en los límites de los estados de Morelos, Puebla y México, pero mostrando su mejor ángulo a los habitantes del Distrito Federal. Son, pues, los hijos de la tiznada, dado que tienen que padecer las manifestaciones del que popularmente llaman Don Goyo.

La actual lluvia de ceniza ha causado serios problemas en la zona metropolitana; tanto así, que se han tenido que suspender vuelos en el aeropuerto de la Ciudad de México o se han tenido que desviar a otros puntos cercanos, como el de la ciudad de Querétaro.

Son manifestaciones de la naturaleza, ante lo cual los simples humanos son impotentes. Es lo mismo que ocurre en otra región, más al centro occidente del país, donde también una pareja, llamada Nevado y Volcán de Colima, hace de las suyas de vez en cuando, con erupciones o temblores de por medio.

El Volcán colimense es uno de los más activos del país, junto con el Popocatépetl, ubicado en los límites de los estados de Colima y Jalisco. Aunque no es constante, tampoco es raro ver que el coloso lance a veces enormes lenguas de fuego o de ceniza que alcanza a llegar hasta la capital colimense.

Así, tanto los habitantes del Valle de México como los de la región Colima-Jalisco son compañeros del mismo dolor: tienen que padecer los arrebatos de la naturaleza que se manifiesta de esa forma (terremotos, exhalaciones de lava o de ceniza). Por supuesto, es muy poco lo que se puede hacer para contrarrestar estos fenómenos.

Sin embargo, hay calamidades que son causadas por la mano del hombre, no por los volcanes y la fuerza de la naturaleza. En el Valle de México siempre ha habido mucha contaminación, ya no al nivel de las décadas de los 80 y los 90, pero sí superior a la de otros puntos de la geografía nacional. Mucho tiene que ver la intervención de los humanos.

En la región Colima-Jalisco el problema de la contaminación se da entre primavera y verano con la quema de caña de azúcar en grandes extensiones de parcelas, cuya ceniza ensucia la ropa limpia que las amas de casa tienden en los patios o en las azoteas de sus casas, pero causando también otros problemas adicionales, incluso de salud.

En los casos de la naturaleza no hay nadie a quién culpar, pero sí cuando está metida la mano del hombre. El problema, empero, es que ni en esos casos hacen nada las supuestas autoridades competentes, que por regla general no lo son tanto.

*Columna publicada el 5 de julio de 2013.