POR Jorge Octavio González
Lo de Mely Romero es patológico: su odio es enfermizo.
Hace apenas unas semanas, con el pretexto del Informe de Gobierno de la mandataria estatal, la oposición en el Congreso del Estado exigía la comparecencia del fiscal general y del entonces secretario de Seguridad Pública de Colima.
Además de acribillarlos a insultos y demás, lo que pretendían en el Poder Legislativo era generar una narrativa que tuviera como objetivo la destitución de los dos funcionarios.
¿O a poco no querían la cabeza de Bryant Alejandro García Ramírez por sólo decir las líneas de investigación sobre el asesinato de la ex alcaldesa Gaby Mejía, que redundaron en la utilización —de parte de ella— de un vehículo y una casa que pertenecían a integrantes del crimen organizado?
¿A poco no querían la cabeza de Gerardo Romero Santana por los índices de violencia de alto impacto en la entidad, como el de la propia ex presidenta de Cuauhtémoc y otros más?
Mely Romero cuestionó en sus redes sociales el nombramiento de Fabián Ricardo Gómez Calcáneo como el cuarto secretario de Seguridad Pública de Colima, afirmando que no se trata de cambios sino de estrategia.
Pero mientras estaba el marino Romero Santana lo querían fuera por incompetente. ¿Quién los entiende?
Y sobre todo: la estrategia viene del gobierno federal, que es diametralmente opuesta a la que se venía implementando en el sexenio anterior.
La entidad colimense, como las demás del país, está sujeta a la estrategia de seguridad que se realiza a nivel federal a través de Omar García Harfuch; esto significa que será de vital importancia la coordinación y el intercambio de información para lograr mejores resultados.
La senadora del PRI, que perdió la elección en el pasado proceso electoral e ingresó a la Cámara Alta como primera minoría, está en campaña y pretende llamar la atención para que suban sus bonos en Colima.
El problema es que su popularidad está muy por debajo de figuras del ámbito local: hasta Lizze Moreno Ceballos figura arriba de ella en las encuestas, pese a ser una diputada que ni siquiera alza la voz ni sigue la línea de su partido.
La ex subsecretaria en el gobierno de Enrique Peña Nieto replica el estilo y la estridencia de Alito Moreno Cárdenas: vociferar, difamar y llegar al extremo de la violencia física.
Mely Romero no llega a esos niveles de locura; sin embargo, poco le falta por sus temerarios señalamientos sin fundamento.
Su crítica al nombramiento del cuarto secretario de Seguridad Pública de Colima tiene una dosis de hipocresía y cinismo: los cambios sí son necesarios cuando hay un área de oportunidad que puede aprovecharse, sobre todo si en ello va la seguridad de los colimenses.
No lleva ni dos días y ya está siendo objeto de señalamientos el teniente de Navío Fabián Ricardo Gómez Calcáneo.
Así de irresponsable es la oposición que, en voz de Mely Romero, no tienen la autoridad para exigir seguridad cuando ellos, como gobierno, demostraron ser peores y permisivos con el crimen organizado.
¿O a poco ellos resolvieron los crímenes y atentados contra Silverio Cavazos Ceballos, Crispín Gutiérrez Moreno, Saúl Adame Barreto, Héctor Bautista, Anel Bueno o Fernando Moreno Peña?
