POR Jorge Octavio González
Por más que envíen a sus empleados y a residentes a cuestionar los textos que aquí se publican, no van a ocultar la realidad: la prepotencia y soberbia de algunos de los trabajadores del IMSS en Colima dejan muy mal parada a toda la institución.
La delegada Fátima Borrego Pérez, con su actitud indolente y sin vocación de servicio, sencillamente ve desde su cómoda oficina cómo sus empleados hacen y deshacen en las diferentes clínicas y tratan con la punta del pie a los derechohabientes.
En la clínica 19 del IMSS, por ejemplo, el encargado del área de prestaciones económicas es un sujeto caradura que parece policía: interroga al derechohabiente de manera hostil y por un minuto que se equivoque en el expediente rechaza liberar la orden de pago.
Por si esto no fuera suficiente, el formulario que tienen que llenar parece un volante de infracción de tránsito: son demasiadas casillas y datos que poner para alguien que sólo va para cubrir el dinero que no le dieron en el trabajo por la incapacidad del seguro social.
Si esta nueva administración, que dijo que iba a ser diferente, mantiene a los mismos perfiles prepotentes y soberbios en las oficinas de atención a los derechohabientes, entonces no hay cambio alguno: lo que predomina es la gente sin vocación, frustrada por alguna razón, que se desquita con los pacientes que acuden a las clínicas del IMSS a algún trámite o a atenderse en su salud.
En las editoriales de hace unos días, mismas que se llenaron de comentarios de empelados y residentes que fueron obligados a defender su chamba, fueron más las quejas y los casos de negligencia médica: fueron cientos y cientos de personas que narraron el infierno que significa ir a una clínica del IMSS y hacer que los atiendan, pero lo más lamentable es la prepotencia de los empleados, entre enfermeros, doctores y personal administrativo, que incluso solapan robos a los familiares de pacientes que están internados.
Pero lo más lamentable es la negligencia: por más saturados que estén, por pocos recursos que tengan en las clínicas, eso no justifica los malos tratos ni los diagnósticos erróneos que, sin embargo, llegan a cobrar vidas por no tener el tratamiento correcto.
Porque si en realidad tuvieran vocación y siguieran al pie de la letra el juramento hipocrático, entonces no irían al IMSS en las mañanas, en el ISSSTE por las tardes y no tendrían consultas las noches en alguna clínica privada como Puerta de Hierro o el Centro Médico de Colima, donde llevan a los pacientes que no quieren atender en las instituciones públicas argumentando que no tienen las herramientas, pero en las privadas sí, llevándose ganancias económicas.
Si un doctor no puede atender a la gente en el IMSS, que es uno de sus múltiples trabajos, mucho menos lo va a hacer en el ISSSTE o en la clínica privada.
Lo único que hacen es quitarle la oportunidad a un médico general o especialista que sí tiene todas las ganas de trabajar en una sola institución a favor de la gente.
Pero la maldita ambición por el dinero los enceguece.
