POR Jorge Octavio González
A veces, cuando hay un crimen que indigna a la sociedad toda, el resultado de las investigaciones no es siempre el esperado.
Como en el caso de la ex presidenta municipal Gaby Mejía, que se descubrió que debía dinero y utilizaba un vehículo de un miembro del crimen organizado, el feminicidio de la maestra Noemí Isabel Ríos Torres se debió a un crimen pasional.
Cierto: no era lo que esperaba la oposición. No fue una equivocación que dejó huérfanos de madre a dos niños. No fue una ejecución de alguien perteneciente al gobierno del Estado o al de Manzanillo. No fue una represalia por su activismo en las manifestaciones del 8M. No fue nada donde pudieran culpar a las autoridades de no haberla protegido.
Fue un crimen pasional: una mujer de nombre Karla, cegada por los celos, contrató a dos sicarios del Cártel de Sinaloa a través de un intermediario, de nombre Leonardo, para quitar del camino a la maestra Noemí Ríos Torres.
El crimen fue directo y planeado con toda frialdad: la maestra del ISENCO sí era el objetivo de los sicarios que se prestaron para el feminicidio.
Hoy, de acuerdo a la información que proporcionaron los titulares de la Fiscalía General del Estado de Colima y de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la señora Karla y Leonardo, autora intelectual e intermediario para contratar a los sicarios, respectivamente, ya están detenidos y se espera lograr una condena ejemplar para los dos.
Días atrás, también en una conferencia que dieron las autoridades estatales, se informó de la detención de los autores materiales: un hombre y una mujer, aparentemente pareja sentimental, vigilaron la rutina de la maestra y después la siguieron hasta que la ultimaron de varios impactos de bala.
Detenidos los implicados, sin embargo, queda a la Fiscalía General del Estado integrar las carpetas debidamente documentadas con todas las pruebas del caso para que un juez, después de valorarlas, logre una condena satisfactoria y los responsables nunca vuelvan a salir en libertad.
El caso es, ciertamente, grave: un crimen pasional no era lo que a lo mejor se esperaba después de las investigaciones que se dieron tras la presión social y la indignación que generó el feminicidio de la maestra del ISENCO.
Pero la información proporcionada por las autoridades, respaldadas en cámaras de video vigilancia y testimonios, es oficial y verídica: el odio de una mujer por Noemí Ríos Torres la llevó a pedirle a un sujeto la contratación de dos sicarios del Cártel de Sinaloa para ejecutar a la maestra.
Seguramente la oposición en Colima, que estuvo como carroñera culpando al oficialismo del atroz crimen, se va a molestar porque la muerte de la maestra fue un crimen pasional, cuando en realidad lo que esperaban era otra cosa para seguir sacando raja política del feminicidio.
Ni modo: su miseria humana tendrá que esperar al próximo caso de alto impacto.
