El PRI: del partido casi único al partido de madre*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

A partir de que el notario público Rogelio Ruedita/El Chatillo Rueda Sánchez, a la sazón presidente del CDE del PRI, tomó las riendas del por entonces aún partido en el poder en Colima, se desencadenó rápidamente su deterioro, lo que seis años después le valió tener que entregarle la entidad federativa a lo que hoy es Morena, Prieta o Primor. Así, de ser el tricolor el que mantuvo el poder y gobernó a los colimenses por espacio de casi un siglo (claro, en sus diferentes siglas y presentaciones), pasó a ser el que hasta tuvo que despedir a sus propios trabajadores por falta de dinero para poder pagarles.

Tal “honor” le correspondió a su actual presidente, Arnoldo Tony Soprano Ochoa González, pero los despidos y el consiguiente declive del ex partidazo casi único comenzó durante el periodo de Rueda Sánchez. Precisamente, durante el reinado del hoy investido de una “autoridad moral” a prueba de balas en su calidad de flamante notario público en el municipio de Manzanillo, fue cuando se inició la reconstrucción del edificio que es (o que era) propiedad del CDE del PRI, ubicado sobre la Calzada Galván Sur de la capital del estado de Colima, donde estarían sus nuevas y definitivas oficinas.

En ese momento, como le sucedió a la cándida Eréndira que accidentalmente le quemó su casa a su desalmada abuela y queda endeudada con ella para todo lo que le restaba de su corta vida –según el mamón de Gabriel García Márquez—, sobre el priismo de Colima también sopló el viento de la desdicha. Así, al no haber cumplido con ese propósito y, sobre todo, depositar los millones disponibles para el efecto en una cuenta particular, el Instituto Electoral del Estado de Colima (IEEC) aplicó una millonaria multa al CDE del PRI encabezado por Ruedita, deuda que se arrastra hasta la fecha.

El hecho de sufrir un recorte de la mitad de las prerrogativas que recibe cada mes por parte del IEEC ahorcó al CDE del PRI financieramente, de tal manera que se tuvo que recurrir a la salida más obvia posible: despedir a gente valiosa que había prestado sus servicios lealmente a la causa durante años, como es el caso del legendario Enrique de Jesús Ochoa Espíritu, al que todo mundo conoce como El Buki, con un expediente de casi tres décadas de pertenecer a la plantilla laboral tricolor. ¿Por qué? Bueno, pues por culpa de una mala decisión del ladino Rogelio Rueda, que es una especie de Atila criollito: por donde pasa no vuelve a crecer ni el zacate.

Aunque en una primera escaramuza verbal, en la que El Chatillo Rueda desmintió a Tony Soprano Ochoa y se presentó como el personaje más pulcro, limpio, leal y transparente que jamás haya visto el ojo humano en Colima, el tema ya no se ha vuelto a tocar entre esos dos políticos; sin embargo, los trabajadores despedidos del CDE del PRI son los que están sufriendo las consecuencias de una bomba de tiempo que activó el que hoy cobra como notario público, siguió con Enrique El Kikín Rojas Orozco, continuó con José Manuel Papichulo Romero Coello y estalló con todas sus fuerzas con Arnoldo Ochoa.

Los recordatorios familiares de los despedidos a Rueda Sánchez y a Tony Soprano Ochoa van al parejo, pero es a este último al que le va a tocar responderles por el tema de la indemnización, pues a varios de ellos lo único que les entregaron son sus salarios atrasados durante meses. Un testigo me comentó que los llamaron por separado a cada uno de ellos para anunciarles la decisión del despido, con el argumento de que ya no había dinero para el pago. De hecho, los dos encargados de dar la mala nueva tenían la firme convicción de que con eso tendrían que conformarse, es decir, sin pelear la indemnización de ley.

Algunos de los despedidos –como El Buki— trataron de hablar con el presidente del CDE del PRI, pero fue en vano: Tony Soprano Ochoa nunca los recibió para, al menos, expresarles algunas palabras de aliento. ¿Y Rueda Sánchez? Él es feliz, con el fiat que le regaló el que estudió en Essex University y el ITAM, burlándose de los trabajadores despedidos del que fue su ex partido y hasta de los incautos que caigan a solicitar los servicios del que está investido de una “autoridad moral” a prueba de balas para dar fe pública, ofrecer homilías dominicales y repartir indulgencias sobre pedido.

Por cierto, todo apunta a que el verdadero culpable del desmadre causado en el PRI es obra del traidor, omiso, negligente, corrupto, opaco, insensible y bien ojete Nachito Peralta Sánchez, pero ninguno de sus dirigentes que ha tenido en los últimos seis años el ex partidazo se atreve a decirlo en voz alta.

*Columna publicada el 24 de noviembre de 2021.