POR Jorge Octavio González
En Colima el crimen organizado atenta contra los funcionarios de seguridad por dos razones: porque los combaten firme y frontalmente o porque no cumplen con los acuerdos que hicieron con anterioridad.
El caso del sub secretario de Operaciones de la Secretaría de Seguridad Pública de Colima está más que claro: a una organización criminal no le gustó el trabajo que venía realizando dentro de la corporación policiaca.
El martes 9 de diciembre, en las inmediaciones del centro comercial Zentralia, el funcionario de seguridad fue emboscado por sujetos que intentaron llevárselo a punta de pistola; de acuerdo a la información que dio posteriormente el fiscal de Colima, Heriberto Ramírez logró repeler la agresión y escapó a pie.
Previo a esto, sin embargo, una de las páginas de internet financiadas por personeros de la pasada administración estatal, que nutre de chismes a las columnas pagadas por Virgilio Mendoza Amescua para golpear a la gobernadora y a la presidenta de Manzanillo, afirmó que en el lugar de los hechos, además de haber herido al alto mando de la SSP en Colima, los maleantes se habían llevado a tres de sus escoltas.
Una mentira total.
El fiscal de Colima informó que, en efecto, el funcionario sí cuenta con personal que lo cuida; sin embargo, en el momento del ataque no estaban con él porque un día antes habían participado en un operativo que se prolongó hasta altas horas de la noche.
El adiestramiento de Heriberto Ramírez le permitió, desde luego, actuar eficazmente para no ser víctima de los delincuentes: incluso se menciona que a los alrededores de la casa del funcionario encontraron vehículos abandonados con manchas de sangre de los criminales que fueron heridos por la reacción oportuna del subsecretario de Operaciones.
Cierto es que, en este tipo de casos, la autoridad no suele proporcionar la información suficiente debido a la sensibilidad del suceso: no se trata de cualquier hecho, por supuesto, sino de un ataque realizado por organizaciones criminales que se ven afectadas por el trabajo que realiza la autoridad policiaca.
El objetivo militar de los criminales, por suerte, no fue ultimado; por su propio pie logró escapar y recibió atención médica inmediata, aunque la esquirla que lo hirió no ponía en peligro su vida.
Este tipo de hechos, sin embargo, deben ser condenados por toda la sociedad —incluida la oposición— para que continúe el combate al crimen organizado y no exista el más mínimo intento de intimidar a la autoridad encargada de perseguir a los delincuentes.
