POR Jorge Octavio González
Lamentable el espectáculo que dieron los diputados Carlos Gutiérrez Mancilla y Arturo Ávila: los dos se vieron como unos porros que, más que legisladores, parecían más unos pandilleros de mala muerte.
La cobertura, sin embargo, se polarizó: desde los que aplaudieron al pirísta por encarar al vocero de MORENA en la Cámara de Diputados hasta la serie de insultos y descalificaciones al escudero de Alito Moreno por su comportamiento.
Lo cierto es que ninguno de los dos merece consideración alguna: es verdad que Arturo Ávila es un dolor de cabeza para la oposición por su narrativa de defensa del oficialismo, a veces con mentiras y acusaciones sin ton ni son.
Pero llegar a encararlo, con toda la intención de provocar un pleito de cantina ante las cámaras de los medios de comunicación, es un sinsentido: Carlos Gutiérrez Mancilla es un porro al servicio de Alejandro Moreno Cárdenas y su función es provocar a políticos de MORENA a falta de propuestas y un proyecto de nación viable.
Mención aparte lo sucedido entre el dirigente nacional del PRI y José Gerardo Fernández Noroña: ante la soberbia con la que conducía las sesiones del Senado de la República, con su acoso y censura a la oposición, los golpes que le soltó Alito Moreno a Noroña resultaron catárticos para la gente en general.
Es cierto: la polémica llama la atención y genera morbo.
Pero el lamentable espectáculo que dieron Carlos Mancilla y Arturo Ávila, en donde los dos se insultaron a más no poder, debe reprobarse en todos los sentidos: no puede ser posible que la narrativa del día sea el pleito entre los dos legisladores y no los serios y graves problemas que atraviesa el país.
En Colima está a punto de suceder lo mismo, a falta de alguien que ponga orden entre los integrantes de la 61 Legislatura: los ánimos se están caldeando por las constantes descalificaciones que hacen algunos de los legisladores de la oposición.
En concreto, para que no haya dudas, el panista Jesús Alberto Partida Valencia: poco hace falta para que lo pongan en su lugar ante la retahíla de mentiras y golpes bajos que propina al oficialismo cada que sube a tribuna.
Beto Partida, sin embargo, es un bravucón, un hocicón, un ojete que sólo sabe gritar y manotear en tribuna para llamar la atención; ni uno solo de sus discursos ni participaciones es relevante ni sustancioso.
De ahí que, ante la falta de argumentos e ideas, lo único que le queda al diputado panista, que invirtió en Vector Casa de Bolsa, acusada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de lavar dinero para el narcotráfico, es la política barata del insulto y la diatriba.
En todo el país tenemos porros sinvergüenzas: mientras en la Ciudad de México están Carlos Gutiérrez Mancilla y Arturo Ávila, acá en Colima tenemos a Alberto Partida Valencia, un sujeto ruin y miserable que, ante las críticas que recibe de los medios que no reciben su sucio dinero, utiliza cuentas como Prensa Xpress Colima y Viral Ho para denunciar contenidos “por derechos de autor” y así aumentar la posibilidad de eliminar de la red social a las plataformas digitales incómodas.
En el PAN su comadre Julia Jiménez lo solapa y en el oficialismo prefieren hacerse de la vista gorda: al final los políticos se cuidan entre ellos, así se digan enemigos en público.
Todos son iguales.
