POR Gustavo López Solórzano
Después de la vida, la salud es el don más preciado.
*Colima, Col. -* Eran poco después de las tres de la tarde. En la sala de espera de la Clínica del ISSSTE de Colima, la única en la capital del estado, una mujer de 92 años se doblaba de dolor sobre su silla de ruedas. Se sujetaba el vientre. Miraba a todos lados en espera de ayuda.
Nadie llegaba.
La ventanilla de recepción estaba vacía. Los consultorios no abrían. La sala, llena. Algunos derechohabientes esperaban de pie. Otros, adultos mayores en su mayoría, llevaban ahí más de una hora.
Quien esto escribe fue testigo directo de los hechos durante más de treinta minutos. En ese lapso, no hubo personal atendiendo en el área de recepción ni llamado a pacientes. Solo un vigilante respondió a pregunta expresa: «En un momento viene», refiriéndose a la recepcionista.
De acuerdo con lo observado en el lugar, el personal de atención no se encontraba en su área de servicio durante ese periodo.
La escena de la anciana no era la única. La sala completa compartía la misma espera, en silencio, con gestos de cansancio y molestia contenida, con frustración. «Si nos quejamos, nos sale peor», dijo una señora. «Nos sacamos la misma», dijo otra. Todos esperaban, todos con una misma necesidad: ser atendidos.
El caso expone una realidad que derechohabientes del ISSSTE en Colima denuncian de forma recurrente: saturación del servicio y falta de personal para atender de manera adecuada. Largos tiempos de espera para consulta general y atención básica, peor aún para urgencias.
El ISSSTE es, para miles de trabajadores del Estado y sus familias en Colima, su única opción de seguridad social. Cuando el servicio se detiene, no hay a dónde más ir, al menos no sin tener que pagar un costo extra.
De poco sirven los esfuerzos que pregonan las autoridades para ofrecer mejoras, si por un lado no hay recursos y por el otro no hay un cambio de mentalidad en el servicio.
Algunos políticos se desgañitan peleando por el poder y situaciones como ésta afectan desde hace muchos años a los derechohabientes. Me pregunto, ¿qué pasará cuando se modifique el sistema para que sea uno solo en materia de servicios de salud?
No quiero ni pensarlo. Auguro un caos y, como siempre, saldrán perdiendo los derechohabientes.
Pasan de las 15:30, la mujer de 92 años continuó en la sala, esperando ser atendida.
*ABUELITAS:*
Nuestro lado humano se ha visto vulnerado desde hace muchos años. Los servicios de salud pública dejan mucho que desear en la actualidad y los de paga son verdaderos mercaderes de la salud. ¿A dónde vamos a parar? Es cuanto.
