Beto Partida, el diputado chillón, agrede a PXPress y lanza velada amenaza

POR Jorge Octavio González

A diferencia de Mely Romero Celis, que fue noble y respetuosa en su comunicación con el responsable de este medio, Beto Partida demostró su verdadera cara: un bufón e impresentable que, además de lanzar injurias y denostaciones, carece de argumentos y de criterio.

Sobre la amenaza que lanzó a quienes escribimos en PXPress abundaremos más abajo.

El periodista Arturo Ávalos Sandoval, luego de publicar una crítica sobre Julia Jiménez y advertirle que se rodeaba de gente que en nada le ayuda, entre ellos el diputado panista, a los días hizo otra publicación en donde reveló que Jesús Alberto Partida Valencia le había escrito por mensaje de celular una serie de reclamos e insultos por haberlo cuestionado.

Así es Beto Partida: un tipo limitado, de pocas entendederas, que a la primera crítica reacciona como energúmeno; le encanta cuando los señalamientos son en contra de sus enemigos políticos, al punto de compartir las publicaciones, pero deja ver su piel sensible cuando le toca a él.

Ante la publicación de la columna donde exhibimos su hipocresía, sobre todo cuando critica el nepotismo del oficialismo pero no el que hay en su partido, con su comadre, el legislador pidió a uno de sus medios consentidos, donde se baila de acuerdo al dinero que se aporta, para despotricar en contra de este medio de comunicación y sus editoriales.

En ningún momento, como el cobarde que es, menciona a PXPress, pero las referencias y los cuestionamientos no dejan lugar a dudas: para ser una página que no le importa en lo absoluto, como lo dijo en la entrevista, nos dedicó 13 minutos de su tiempo para quejarse de lo escrito y justificar que en sus redes sociales sí lo quieren y lo animan a seguir con el circo que monta cada que sube a tribuna.

Pese a decir que vive feliz y que los cuestionamientos no le generan mella, su actitud reveló todo lo contrario: estaba enojadísimo, lanzó injurias contra nosotros y después trató de recular señalando que todos tienen el derecho de opinar y decir lo que quieran.

No se quiso enganchar con la pregunta insidiosa del conductor, cuando le preguntó si una cosa es libertad y otra libertinaje; la cuestión es que por momentos como que se dio cuenta que se escuchaba como el fascista e intolerante que mucho panista lleva dentro.

El co-conductor, que tiene nombre de terrorista, también se subió al barco y quiso justificar las críticas en función de su “crecimiento” como político. Beto Partida, que se infla ante los halagos de sus incondicionales, se atrevió a decir que los cuestionamientos en este medio son patrocinados por alguien.

No se confunda, diputado: aquí las críticas las hacemos por el mero gusto de exhibir a los políticos rastreros e impresentables como usted; no hay mayor satisfacción en lo que escribimos que saber que el texto llega hasta sus teléfonos y la sociedad reacciona y comparte la publicación en señal de que está de acuerdo con nuestra opinión.

En toda la verborrea que dijo en la entrevista, en esos 13 minutos que nos dedicó, en ningún momento desmintió absolutamente nada de lo que escribimos en la anterior columna:

Nada dijo de que llegó al Congreso del Estado como parte de la diversidad sexual; no dijo que ese fraude lo orquestó su comadre Julia Jiménez Angulo, sin que autoridad electoral alguna diera reversa a semejante atrocidad.

Jamás desmintió que su comadre Julia Jiménez, como dirigente estatal del PAN en Colima, se puso ella misma en los primeros lugares de la lista de diputados federales por la vía plurinominal. Y nunca desmintió que puso a su propia hija como su suplente, al más puro estilo del viejo PRI.

Y nada dijo sobre que exigió a la coordinadora de comunicación social del Congreso del Estado que le agendara entrevistas con todos los medios de comunicación con los que el Poder Legislativo tenía convenios de publicidad.

Fue omiso al no señalar que todos esos medios a los que ahora acude a sacar todas sus frustraciones son los mismos que calificó de chayoteros y de estar al servicio del poder por publicar la detención del ex funcionario de José Ignacio Peralta Sánchez y de Margarita Moreno.

Se entiende por qué: eso lo dijo cuando estaba justamente en entrevista con ese medio, sabedor de que nadie de la clase política lo ve ni lo escucha; con lo que no contaba era con que hubo gente que se enteró y nos pasó ese dato para exhibirlo ante la opinión pública.

Beto Partida, como el fanfarrón y cobarde que es, nunca va a reconocer que despotricó contra los medios que ahora visita gracias a que presionó y hostigó a la vocera del Congreso del Estado para que lo agendaran, como si los contratos que tiene el Poder Legislativo los pagara de su bolsa.

Sorprende que el medio que lo entrevistó, donde hasta se ponen de tapete cuando acude a las instalaciones del hotel de dudosa reputación, hable de libertinaje cuando ellos viven del morbo, de la sangre, de los hechos de violencia: si por arte de magia en Colima dejara de haber hechos delictivos, ese medio no tendría razón de ser porque nadie lo consultaría.

Además de que no sabe ni redactar dos líneas seguidas, porque ni a la escuela fue, el conductor suele tener sus momentos esquizofrénicos, como cuando enloqueció en vivo y retó a Arturo León Alam a que le respondiera las llamadas: lo que en realidad le molestó es que el líder sindical ninguneó a su medio, algo que le arde sobremanera.

Si supiera que los voceros con los que habla, a los que luego quiere darles clases de política, se ríen a sus espaldas por la ignorancia del tipo y los aires de grandeza que se da.

Y sobre la amenaza a este medio, sin embargo, sólo vale decir que no nos asusta: aunque dejó entrever que podría actuar contra nosotros porque es ciudadano antes que político, se equivoca de nueva cuenta: es político las 24 horas y, de acuerdo a jurisprudencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, los servidores públicos deben aguantar la crítica más que cualquier otro ciudadano, aun cuando los cuestionamientos sean demasiado duros.

Diputado: en lugar de tratar de amedrentarnos, algo que no sucede ni sucederá, mejor póngase a trabajar, porque el hueso ya mero se le termina.