POR Luis Fernando Moreno Mayoral
La Selección Mexicana de fútbol mantuvo a raya a la escuadra de Inglaterra la mayor parte del partido.
Cierto es que, como la mayoría de los mexicanos, queríamos que se hiciera el milagro y en el último minuto cayera el gol que diera el empate a tres.
Pero no fue así: por más que intentaron e intentaron no se pudo.
Ni modo.
México acorraló a Inglaterra; México jugó al nivel de los mejores del mundo.
Ni Harry Kane ni Anthony Gordon ni ningún otro jugador inglés se vio superior a Gilberto Mora ni a Raúl Jiménez ni a Julián Quiñones: estaban al tú por tú.
Inglaterra sufrió en la cancha; igual que sufrió Argentina contra Cabo Verde.
O como el hecho de que Noruega eliminara a Brasil. ¡A Brasil! Ni Neymar ni Vinícius Júnior pudieron ante el poderoso Erling Haaland, que se llevó las portadas y los titulares de los medios mexicanos por su carisma, por atender a la gente, a sus fans, sin poses ni soberbia.
Esta Copa del Mundo, realizada en Estados Unidos, México y Canadá, ha sido inigualable: la alegría y las emociones han estado a flor de piel.
De México se esperaba más, por supuesto: ganar los tres primeros partidos sin recibir un solo gol y eliminar a Ecuador, ante la sorpresa de muchos, generó un sentimiento de empoderamiento que, ciertamente, llevó a más de uno a creer que se podía trascender.
Y aunque no lograron llegar a los cuartos de final, la Selección Mexicana de fútbol fue la gran ganadora: demostraron al mundo entero que no son los perdedores y miedosos de siempre, sino que se echaron para adelante y lograron arrinconar a un equipo considerado de los mejores del mundo.
No es cosa menor: México es competitivo y puede destacar en cualquier disciplina.
No había estrellas en México, como Lionel Messi en Argentina o Cristiano Ronaldo en Portugal; lo que sí había era entrega y garra y esas ganas de darle al público mexicano una alegría que recordará toda la vida.
Para los mexicanos se termina el sueño de avanzar y llegar a ser campeón; lo que inicia ahora es la certeza de que somos potencia, somos competitivos y podemos lograr lo que nos propongamos.
Y lo mejor de todo: podemos salir adelante a pesar del gobierno.
