No vio más allá de lo evidente*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

A Rafael El Birrias Mendoza Godínez, alcalde de Cuauhtémoc, le pasó lo que a muchos políticos que se marean en un ladrillo: su ego no lo dejó ver con claridad que, en política, como bien lo diría George Orwell en su monumental novela 1984, dos más dos no siempre son cuatro. Así, el edil recién electo creyó que estaba por encima de leyes y de reglamentos y que nada podría llegar a afectarlo de alguna manera. Craso error.

La más descarnada realidad le pegó de golpe andando por la ciudad de Puebla, en compañía  de amistades íntimas, cuando casi se desmaya de la impresión que le dio al llegarle hasta allá la noticia de la decisión tomada por los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en su caso, iniciado casi desde el inicio de su administración, por haber violado la ley al asistir al cierre de campaña de Jorge Luis El Niño Fidencio Preciado Rodríguez, a la sazón candidato a gobernador bajo el amparo de los colores del blanquiazul.

A Rafita Mendoza fue el único con el que los Poderes Legislativo y Judicial trataron de cumplir con la pena que les autorizó aplicar a su criterio el Tribunal Electoral del Poder Judicial Federal (TEPJF): al primero, erigido en Jurado de Acusación, determinar la sanción; al segundo, observar que se llevara a la práctica, por la violación a la  Ley Electoral, aunque también cometieron la misma ilegalidad los alcaldes de Colima, de Villa de Álvarez, de Tecomán y de Coquimatlán, Héctor El Bienamado Insúa García, Yulenny La llorona Cortés León, Lu-pillo García Negrete y Orlando Lino Castellanos, respectivamente.

Ni el Congreso local pudo ver cumplida su sentencia ni el Supremo Tribunal de Justicia del Estado ejecutó la sanción, pues el alcalde cuauhtemense pudo eludir la acción de la justicia con un recurso de revisión que interpuso ante la SCJN el propio Ayuntamiento de Cuauhtémoc. Era obvio que no se podía hacer nada en contra del edil mientras no resolviera la Corte, pero tarde o temprano tendría que venir el veredicto final, que no le fue favorable a El Birrias Mendoza.

¿Por qué no vio venir el golpe el alcalde de Cuauhtémoc? Por su egocentrismo bastante desarrollado: nuestro héroe es de esos políticos que se sienten iluminados, que creen estar llamados a realizar grandes empresas, que siempre tienen la razón y que todo les está permitido; en suma, El Birrias Mendoza es de esos que se creen tocados por la mano del señor. Por tanto, este personaje no escuchó los consejos ni las advertencias de los que, de buena o mala fe, le dijeron sobre las consecuencias que habría si intentaba reelegirse.

Si bien es cierto que El Birrias Mendoza logró la reelección gracias a su genuina popularidad que tiene en cierto sector de su municipio, su problema por haber violado la ley no estaba concluido ni mucho menos. Insistir, pues, era temerario: podría venir su desconocimiento en el cargo y su inhabilitación por siete años en cargos estatales y municipales. Así, la reelección le traerá como consecuencia su desconocimiento en el cargo por las faltas cometidas con anterioridad.

Antes de lanzarse a la reelección, un reputado abogado, experto en el tema, le previno en buen plan al edil:

—Rafita, no te reelijas; si lo haces, te van a tronar.

Pues bien, a Rafita Mendoza le valió sombrilla la advertencia: se consideró a sí mismo el brazo ejecutor de la voluntad de dios y se lanzó a la aventura. Ganó, en efecto, pero ahora sí le va a ser aplicada la sanción que se había frenado por el recurso de revisión que presentó en su defensa el Ayuntamiento de Cuauhtémoc. La inhabilitación por siete años abarca los próximos tres años de reelección que logró, además de cuatro años más. Pero lo más importante de todo es que, por ser resolución de la Corte, ya no hay nada más por hacer.

A este respecto, cabe hacer notar que el diputado electo Paquito Rodríguez García, que ganó por la aceptación (y, por tanto, fue beneficiario) de El Birrias Mendoza en Cuauhtémoc, ya anda muy preocupado porque se cancele la oportunidad de servir a un líder de la talla del alcalde cuauhtemense. No podía opinar cosa diferente ese sujeto, pero bien se ve que se trata de un cínico que se quiere pasar la ley por el Arco del Triunfo: la sanción a su ídolo no es por el color de su piel, su partido o su religión, sino porque simplemente nadie está por encima de la ley.

Si El Birrias Mendoza siempre ignoró las advertencias, los consejos y demás, ese es su problema. Lo que sí está claro es que no hay —no debe haber— ciudadanos de excepción en la aplicación de la ley. El edil sabía en lo que se metía, pero no quiso ver más allá de lo evidente. Ese fue su error.

*Columna publicada el 24 de agosto de 2018.