POR Jorge Octavio González
En la última sesión del ayuntamiento de Colima, donde se puso a consideración la desincorporación de terrenos municipales, las regidoras Azucena López Legorreta y Margarita Moreno se enfrascaron en una discusión por culpa de sus respectivos maridos.
Y es que, cuando la regidora de MORENA cuestionó que la actual administración pretendía vender un terreno que se iba a utilizar para pagar adeudos del IMSS en la gestión de Leoncio Morán Sánchez, de inmediato culpó a Carlos Arturo Noriega García de rechazarlo por su influencia en el IPECOL.
Margarita Moreno, molesta porque metieron a su esposo en la discusión, respondió de la misma manera: dijo que Locho Morán dejó una deuda de más de 50 millones de pesos y preguntó por qué no se pagó en su oportunidad.
A partir de ese momento, como ha sucedido en otras sesiones de Cabildo, Azucena López y Margarita Moreno se enfrascaron en una serie de descalificaciones que llegaron hasta acusaciones de violencia política en razón de género por parte de las dos.
En lo único que las regidoras tienen razón es en que sus maridos son unos corruptos que utilizaron sus cargos para incurrir en irregularidades: Leoncio Morán fue exonerado por la pasada Legislatura pero Carlos Noriega fue sancionado con cinco años de inhabilitación para ejercer cargos públicos.
Los dos, Leoncio Morán y Carlos Noriega, ni siquiera fueron castigados de acuerdo a la gravedad de los delitos que cometieron. El Poder Judicial de Colima fue laxo: mientras que a uno lo exoneraron (a Locho Morán), al otro sólo lo dejaron sin poder ejercer cargos públicos por cinco años (a Carlos Noriega García).
A las regidoras Azucena López Legorreta y a Margarita Moreno más les vale no meter a sus respectivos maridos en los debates de las sesiones del ayuntamiento de Colima porque ninguna de las dos sale bien librada: tanto Locho Morán como Carlos Noriega son políticos impresentables que, ciertamente, debieran ser castigados por las múltiples irregularidades que cometieron cuando ejercieron cargos públicos.
Pero el show es el show.
