Humor británico*

POR Bibiano Moreno Montes de Oca

El Reino Británico ni siquiera están en el continente de Europa, pero los ingleses representan el prototipo del europeo medio, por encima de, por ejemplo, los españoles y los portugueses, que sí se encuentran en tierra firme. Así, cuando se piensa en el europeo común, de los primeros que le vienen a la mente a uno es el inglés, el francés o el italiano.

El conjunto de islas que conforman la Gran Bretaña están conectadas al continente (al menos donde se encuentra Londres, que es la capital) por un subterráneo que comunica a las ciudades de París con la londinense, mismo que es una maravilla de la ingeniería. De manera, pues, que aunque Inglaterra no esté en el continente europeo (peor le va a Irlanda, sometida mucho tiempo a los ingleses y aún más distante), sus ciudadanos representan de manera más exacta al europeo promedio.

Resulta difícil tomar de modelo europeo a un español, a un albanés o a un portugués; en cambio, un inglés de inmediato nos dará idea de cuál es su origen. A este respecto, el estereotipo que del británico se tiene en el mundo es la del  flemático que no se inmuta con nada, con un sombrerito ridículo sobre la cabeza y con un paraguas en la mano, aun cuando no haya mucho sol o no se vean ni rastros de que va a llover.

No obstante, cabe señalar que el estereotipo del inglés es muy preciso: el sombrero se usa por tradición –cada vez más en desuso— y el paraguas es porque el llamado Reino Unido es muy lluvioso y con neblina. Pero en lo de flemático se puede fallar, pues es obvio que no todos tienen sangre de atole, así como para suponer que, si uno de ellos llega un día a su casa y se encuentra a la esposa fornicando con otro, pida disculpas por la interrupción y, a continuación, anuncie que irá a la cocina a preparar un poco de té.

Uno de mis cuentos (El auto blindado, publicado en el volumen titulado Mujeres por teléfono) utiliza algunos estereotipos: el del inglés flemático ya descrito líneas atrás; el de los negros, que parecen changos; el de los asiáticos, cuyos ojos de rendija los hace verse iguales a los occidentales, etcétera. Es posible que esta sea una posición políticamente incorrecta, pero si ni siquiera de nuestro aspecto o defectos vamos a hacer chistes, entonces estamos fritos.

No es que aplauda los chistes que un trío de ingleses, conductores de un programa denominado Top Gear, hicieron a costillas de los mexicanos; sin embargo, me parece que se ha exagerado en cuanto a las protestas, especialmente de la embajada mexicana en Gran Bretaña, cuyo huésped actual resultó de piel bastante sensible, como casi todos los panistas.

En lo personal no me da mucho coraje que se diga que los mexicanos son pedorros, güevones y apestosos, pues sé muy bien que eso es totalmente falso: el promedio de los que lanzan pedos en México no es superior al que existe en cualquier otro país del mundo, el de los holgazanes no es numeroso y el de los que despiden mal olor es prácticamente nulo, pues nuestra característica es de ser muy limpios.

Aquí más bien entran ciertos prejuicios y mucha desinformación, incluida la falta de cultura. Así, cuando uno de los ingleses (uno de ellos es un zotaco con ojos como de loco) del programa Top Gear asegura que la única contribución que ha hecho México al mundo es la del ratón Speedy González y la “comida de mierda”, el tipo demuestra su total desconocimiento del tema.

Dejado de lado el tema de la comida (¿qué platillo inglés podría superar a uno de birria de chivo preparado en Colima o en Jalisco?), el británico de marras ignora que el ratón Speedy González no es una aportación de México, sino de Estados Unidos. O sea: el caricaturista gringo Isadore “Fritz” Freeleng, creador de otros célebres personajes de la Warner Bros, como el conejo Bugs, es el que inventó al ratón más famoso del mundo.

El caricaturista Freeleng, ya desaparecido, creó a un personaje con el que mejor se identifica a los mexicanos en el mundo, pero eso fue porque él sí era amigo de nuestro país y no lo estereotipó: al final, el ratón siempre le gana a enemigos tan torpes (pero al mismo tiempo entrañables) como el gato Silvestre o el pato Lucas, ambos gringos.

La mirada amable de Freeleng hacia los mexicanos es la misma que también tuvieron escritores de la talla de John Kennet Turner (el de México bárbaro) o Jack London (autor del conmovedor cuento El mexicano). Ninguno de esos autores usó  estereotipos de  los ciudadanos de nuestro país, sino que más bien los homenajearon por alguna desconocida razón, algo que se les agradece.

Desgraciadamente, a los mexicanos nos persigue por todo el mundo el estereotipo del personaje que está dormido a la sombra de un nopal, que es la síntesis de lo que los ingleses de Top Gear dicen de nosotros: pedorros, flojos y apestosos. Lo cierto es quetendrán que pasar muchos años todavía antes de que en el mundo (incluida la pérfida Albión) se enteren de que esa es una vil calumnia, pues unos cuantos así no representan al resto de los mexicanos.

Y también va a pasar mucho tiempo antes de que el mundo sepa que no todos los argentinos son los presumidos y mamonazos que nos pintan en los chistes sobre ellos, que no todos los gallegos (de la provincia de Galicia, España) son unos pendejos, que no todos los franceses son igual de cochinos, que no todos los alemanes simpatizan con las ideas nazis, que no todos los judíos son tan miserables y que no todos los chinos saben kung fu.

Cuando todo lo anterior –y mucho más— se acepte en el mundo, los estereotipos desaparecerán de la faz de la Tierra. Mientras eso llega a ocurrir, los chistes sobre los mexicanos, los gringos, los judíos, los españoles, los franceses, los italianos, los ingleses, los negros, los asiáticos, los árabes, los australianos y los de cualquier parte del mundo, ni modo, seguirán repitiéndose.

Sí, como los chistes de los ingleses de Top Gear sobre los mexicanos o los ciudadanos de cualquier lugar del planeta.

*Columna publicada el 7 de febrero de 2011.