POR Bibiano Moreno Montes de Oca
A las polémicas declaraciones del director de cine Oliver Stone, en el sentido de que Felipe Calderón Hinojosa ha hecho que México “viva una pesadilla” y de que el presidente mexicano es “un desastre”, el cineasta fue todavía más allá al calificar al michoacano como “un ladrón” porque se robó la elección del 2006.
Textualmente cito las declaraciones del director de la emblemática cinta Pelotón a la prensa nacional e internacional, donde reafirmó sus primeras declaraciones en contra de Felipe Calderón:
“¿Qué fue lo que dije? Carajo (…) Y voy a ir a la Ciudad de México. Pero voy a ir después de las elecciones, qué bueno. Pues si le lastimó me da gusto, porque el tipo es un ladrón. Pero esa fue una elección robada y me sigue molestando hasta la fecha. Es que es como George Bush en este país, puso a tú país en un agujero. Lo hizo. Bush nos puso en un agujero también. Así que tenemos dos hoyos, uno al lado del otro”.
A reserva de lo que opinen los jilgueros al servicio del calderonato, es conveniente contextualizar las declaraciones del director gringo: las dio a propósito del inminente estreno de su más reciente cinta, Salvajes (Savages), inspirada en la absurda guerra emprendida por el presidente Felipe Calderón desde el arranque de su fallida administración, donde lo más seguro es que no va a salir muy bien librado que digamos.
No aventuro hipótesis sobre la forma en que aborde Oliver Stone la historia en su película, pues muy pocos son los que la han disfrutado aún; sin embargo, el título es muy sugerente y deja entrever que será un fiel reflejo de la tragedia nacional que vivimos los más de cien millones de mexicanos desde que comenzó la pesadilla del calderonato, aunque hay que destacar que Luis Estrada ya se había adelantado con su exitosísimo filme El infierno.
Y es que si ha habido alguien que ha logrado capturar con agudeza la violencia y transmitirla en imágenes inquietantes, ese es precisamente Oliver Stone, el mismo que dirigió Asesinos por naturaleza, basándose en un guión del director Quentin Tarantino.
Bueno, ¿pero qué tienen qué ver Colosio, John F. Kennedy y el propio director de Nacido el 4 de julio? Existe un vínculo entre las tragedias que hermanaron al candidato presidencial priísta y el presidente de Estados Unidos hasta principios de 1963, pues ambos murieron asesinados en sendos atentados y sus vidas fueron llevadas a la pantalla grande: la del primero, recientemente, por Carlos Bolado; la del segundo, por el mismísimo Oliver Stone.
No habla a la ligera Oliver Stone cuando se refiere al “desastre” que ha sido como presidente Felipe Calderón, al que compara con George W. Bush. De hecho, más similares van a ser ambos mandatarios porque al final de la contienda electoral sus respectivos partidos habrán perdido el poder por sus desastrosos resultados obtenidos en todos los órdenes como gobiernos.
Así, el Partido Republicano perdió la Casa Blanca tras ocho años de usufructo del poder, siendo sustituido por el Partido Demócrata; Acción Nacional, por su parte, abandonará Los Pinos después de ser su inquilino por doce años. Aún no se sabe qué partido lo va a sustituir, pero de que el PAN será echado a patadas de la residencia oficial, ya no hay ninguna duda.
A propósito de las cintas Colosio y JFK, es de hacer notar las similitudes de las historias: ambas son partidarias de la teoría de la conspiración y contravienen la versión oficial del asesino solitario. Las dos películas se basan en testimonios y en investigaciones hechos de manera independiente. Algunos testigos claves de las dos tramas ya están muertos, por lo que resulta imposible corroborar si sus versiones son reales o son producto de su febril imaginación. En última instancia, en los dos casos hubo beneficiarios de los atentados.
Cualquiera que haya visto la cinta del gringo Oliver Stone se dará cuenta que la mexicana trató de parecérsele mucho. No sé si hay similitudes en los dos guiones, pero la estructura de la película Colosio casi sigue al pie de la letra a JFK. No está Carlos Bolado a la altura de su colega norteamericano; pero en términos generales, en nada desmerece su filme.
Lo único que desentona es esa expiación que se hace a un personaje siniestro como lo es Manuel Camacho Solís, cuya actitud perversa en las semanas previas al asesinato de Luis Donaldo Colosio no tuvo parangón, pero fue suprimida en la versión de Bolado. (El tipo que hace el papel de Camacho Solís, por cierto, se parece más bien a René Bejarano, lo que también resulta chocante).
La historia y los historiadores (y ahora hasta las películas) han sido benévolos con Manuel Camacho, personaje emblemático de este trágico episodio, pues su molestia con Carlos Salinas fue por no haber sido él (Camacho) el agraciado con el dedazo presidencial para sustituirlo en el poder, en vez de haber resultado favorecido Luis Donaldo Colosio.
A partir de ese hecho, Manuel Camacho se distanció de Salinas, pero también de Colosio, al que saboteó casi hasta apenas unas horas antes del asesinato del sonorense; sobre todo, cuando fue nombrado comisionado para la paz en el estado de Chiapas, por el levantamiento en armas del farsante subcomediante Marcos, y alentar a sus seguidores de que él (Camacho) podría ser el sustituto del debilitado candidato presidencial priísta.
La traición de Manuel Camacho a Colosio tenía como destino su renuncia al PRI para dedicarse a ser una teibolera de la política (junto con su carnal Marcelo Ebrard), hasta caer al PRD de los chuchos, donde será senador plurinominal, luego de haber sacado de la lista a un joven que tal vez no tuviera la experiencia necesaria para el cargo, pero al menos no arrastra tras de sí con un negro historial como el que posee el que fuera íntimo de Salinas.
*Columna publicada el 18 de junio de 2012.
