POR Gustavo L. Solórzano
Dicen que no llueve por falta de árboles, otros dicen que por los cañonazos, que en silencioso estruendo son ignorados por las autoridades. Los meteorólogos se esfuerzan en desquitar su sueldo, auguran ciclones y huracanes, marejadas y otras turbulencias, nada llega. Solo el recuerdo, la nostalgia del Colima de ayer, cuando los aguaceros de mayo traían aroma de paz, de familia unida. Aquel Colima en donde nuestros padres se conocían con sus vecinos y en donde todos nos cuidaban, éramos niños felices y no entendíamos eso.
Hoy la gente se inconforma por el calor, pero nada dice del árbol que cortó para que su vecino no estacionara su carro bajo la sombra.
Más allá, la gente sigue barriendo la calle con el chorro de la manguera, el agente Cov ya no tiene tiempo ni personal para supervisar, solo quiere cobrar, aun cuando en algunas casas ni usan ni tienen agua. “El rio ya no canta y corre por el, desperdicio inmundo en lugar de pez”. Para no ir tan lejos, las aguas negras se vierten inmisericordemente y a nadie parece importarle. Los ecologistas duermen el sueño de los justos, y no me refiero a los oficiales, esos responden a la orden del jefe. Hablo de aquellos que se “Quitan la camisa por un buen amigo”.
Ya no llueve en mi barrio, dicen, el cielo se pone negro para ocultar su rostro avergonzado, nos creímos, los humanos, que Dios nos regaló la tierra. ¡Qué ilusos! Solo es un comodato, ya vimos que durante la plandemia la tierra se regeneró a sí misma, y la vida floreció. Nadie somos indispensables, nadie, quien así lo piense, tendrá que revisar su ego minusválido y si insiste, tendrá que ir a terapia, somos viajeros en el tiempo.
Emilia ya no está para ponerle agua a la leche y hacerla rendir, Don Lauro Cano de ojos azules como el cielo ya no vende rondanas, ni tornillos, se cansó de vivir y se fue, nos dejó desatornillados.
“Hoy faltan tantos a mi lado de aquellos que quise y quiero”, mi abuela Lupe y su perdida noción del tiempo, “hijo ve compra unas frutas” y me daba un peso, ese ya no ajusta abue, le respondía, se ocupa más, sentenciaba yo. Y más me daba de su monedero mágico, siempre tenía monedas de amor, que repartía sin egoísmo. Carmelita y sus choclos de lujo, regresó a su origen, la recuerdo y a su árbol generoso que se tupía de mangos pulposos, mismos que de manera silenciosa eran sustraídos por las enfermeras del sanatorio Colima de Salazar. Eran otros tiempos, en Colima todos se conocían, Don Lipo Lepe, escritor, narraba un día la vida de Polidor, icono colimense de antaño, y le conté, el murió en mi casa materna.
Como chiquillo con dulce recién comprado, me dijo, “Cuéntame más güero”. Le dije todo lo que yo sabía de oídas, no lo conocí en persona, pero si en foto, y años, muchos años después lo vi en una película con actores de la talla de Antonio Aguilar, Javier Solís, José Alfredo Jiménez y Manuel López Ochoa entre otros.
Ya no llueve en mi barrio, dicen, el cielo se pone negro para ocultar su rostro avergonzado.
ABUELITAS:
El lunes 7 de julio a las 19 horas y con entrada libre, tiene usted una invitación de la Asociación Cultural Gregorio Torres Quintero, A.C. que preside el Dr. Antonio López Moran. Lo anterior, para asistir al foro Adolfo Mexiac en el jardín Corregidora, en donde Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda, habrá de impartir una conferencia magistral sobre la masonería en Colima. Sin duda, la experiencia de Mirtea, nos permitirá disfrutar una buena velada e incrementar nuestro acervo personal. Es cuánto.
