La guerra de odio en redes tras crimen de Carlos Manzo

POR Jorge Octavio González

El crimen de Carlos Manzo sacó lo peor de todos: de los políticos, de los gobernantes, de los activistas y de quienes polarizan en las redes sociales.

Llamó la atención que la oposición, tanto el PRIAN como MC, haya salido a condolerse de la muerte del presidente municipal de Uruapan y reconociera su valentía para enfrentar a los criminales.

Pero quien sí dio risa fue José Gerardo Fernández Noroña, el mismo que se fue a llorar por los niños de Palestina, cuando señaló que Carlos Manzo era uno de los suyos, de su movimiento, como si el hecho de haberse separado de MORENA para buscar la alcaldía de Uruapan por la vía independiente no fuera suficiente como para darse cuenta que había pintado su raya con el oficialismo.

Pero que el presidente municipal se haya deslindado del oficialismo no lo convertía en miembro de la oposición; era una oposición al crimen organizado, sí, pero no militante de los partidos políticos que tomaron su artero asesinato como una bandera para hacer politiquería.

En Colima, por ejemplo, no se hicieron esperar los comentarios oportunistas: Mely Romero, José de Jesús Dueñas García y Griselda Martínez Martínez.

Salvo la ex presidenta municipal de Manzanillo, que sí vivió en carne propia un atentado y sabe todo lo que se vive alrededor, ni la senadora del PRI ni el empleado de Ignacio Peralta tienen autoridad moral para utilizar el crimen como una bandera para el golpeteo político.

Si tanto se admiraban de la estrategia de Carlos Manzo en Uruapan, sobre todo para combatir a los delincuentes, por qué Mely Romero nunca se pronunció al respecto ni dijo algo cuando el alcalde desfilaba en los medios suplicando ayuda del gobierno federal.

¿Cuándo vimos a Mely Romero irse a Uruapan, ponerse un chaleco antibalas e ir al frente —como lo hacía Carlos Manzo— de operativos para detener o abatir criminales? Jamás sucedió eso, mucho menos hizo algo para que la opinión pública fijara sus ojos en ese municipio de Michoacán.

¿Y Chuy Dueñas? Ese es un payaso como Jorge Álvarez Máynez y Samuel García: ni en sus peores sueños habría ido a Uruapan a respaldar las acciones de Carlos Manzo y su guerra contra la delincuencia organizada.

De hecho, de acuerdo a quienes lo conocen, si hubiera ido a un operativo se habría escondido debajo de una patrulla al primer balazo detonado.

En las redes sociales la polarización fue desastrosa: los oficialistas tratando de convencer que en ningún momento abandonaron a Carlos Manzo, mientras que los opositores machacando con la narrativa de que el alcalde de Uruapan se quedó solo esperando la ayuda de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y de Omar García Harfuch.

Pero en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados el espectáculo fue más que vergonzoso: Lilly Téllez le gritó “imbécil” e “idiota” a Fernández Noroña por no llorar por Carlos Manzo, como lo hizo por los niños de Palestina en medio oriente. Y el propio senador nuevo rico salió con que la oposición era carroñera, como si ellos no estuvieran haciendo lo mismo en este caso y antes con Ayotzinapa, la guardería ABC, entre otros.

Las manifestaciones, que son las más genuinas y orgánicas, están poniendo de cabeza a este gobierno; el sentimiento que tiene la gente en estos momentos es de indignación y dolor, sobre todo porque todos sabían lo que pasaría si las autoridades no tomaban en serio la súplica del alcalde.

Algo va a pasar después del asesinato de Carlos Manzo: por lo prontos su viuda, Grecia Quiroz, tomó protesta como presidenta municipal sustituta de Uruapan y, en una de esas, si de verdad retoma el legado de su esposo, será la próxima gobernadora de Michoacán.

Y cuidado con que también atenten contra su vida, porque el tigre de plano se va a salir de control.