POR Bibiano Moreno Montes de Oca
El joven James Holmes, causante de una masacre durante el estreno de la película Batman: El caballero de la noche asciende, en una población del estado norteamericano de Colorado, entra en la clasificación del asesino en masa. En la novela El evangelio del mal, del escritor francés Patrick Graham, se le define en los siguientes términos a este tipo de depredador humano:
“Cometen matanzas tan monstruosas como imprevisibles. Una decena de muertes a la vez. Como Herbert Stox, que se había puesto de repente a destripar a chicas morenas embarazadas: doce jóvenes en una sola noche y en el mismo barrio. Obedecen a una pulsión suprema y devastadora: los asesinos en masa son exaltados que oyen la voz de Dios”.
No se sabe aún si James Holmes escuchaba voces que lo llevaron a cometer tamaña atrocidad (como se dice que sucedía con el neoyorkino al que se conoce como El hijo de Sam), pero la definición que de él se hace en la citada novela es asombrosamente fiel, lo mismo que el ejemplo que se da de ese tal Herbert Stox, asesino en masa.
La novela no menciona otro caso que es más reciente –apenas hace un año— y que asimismo se inscribe en la misma categoría del asesino en masa: el noruego ultraderechista Anders Behring Breivik, causante de 77 muertes en una isla de veraneo, además de otros ocho que fallecieron con la explosión de un edificio en el que colocó una bomba.
Son muy lamentables estos eventos sangrientos que ocurren en otras partes del mundo, pero nos recuerdan que en nuestro país también se libra una absurda guerra en contra del crimen organizado en la que, según cifras conservadoras, ya debemos andar por los 70 mil muertos en lo que va de esta pesadilla llamada calderonato.
Tan sólo durante el pasado fin de semana hubo hechos violentos en los que murieron varias personas en diferentes puntos del país, aunque llama la atención el ocurrido en el municipio de Vista Hermosa, Michoacán, donde 80 sicarios atacaron la alcaldía y asesinaron al director de la policía. En total fueron cuatro los uniformados muertos, además del chofer de un tráiler.
En Cuernavaca, Morelos, un comando se presentó en un balneario donde se festejaba a una quinceañera y asesinaron a cuatro personas. En la misma entidad federativa se cometieron otros cuatro asesinatos el mismo fin de semana, dejando un fatídico saldo de ocho muertes, Un denominador común: las víctimas fueron ejecutadas con armas de grueso calibre.
Ese mismo fin de semana asesinaron a dos jóvenes en San Nicolás de los Garzas, Nuevo León, cuando convivían en un domicilio ubicado en la colonia Valle de Casa Blanca. Así, pues, el saldo total de esa jornada sangrienta fue de la pérdida de 15 vidas humanas.
Es la unilateral guerra de Felipe Calderón que desangra a México. El país ya no necesita de más baños de sangre y de otras muestras de violencia. El horno no está para bollos.
*Columna publicada el 27 de julio de 2012.
