POR Bibiano Moreno Montes de Oca
Pero la historia de Sazago está irremediablemente ligada al que lo explotó durante décadas: Carlos Valdez Ramírez, director de El Noticiero. La vida de uno no se entendería sin la del otro. O sea: explotador y explotado. Al individuo al que le surgió un periódico moderno como por arte de magia, nunca le importó llevar una buena relación con el que era el alma de su periódico.
Por supuesto, el odio era mutuo. El buen Sazago se refería Carlos Valdez como El loco, que tal vez lo era, pero que no fue impedimento para exprimir a un hombre hasta dejarlo sin una gota de aliento. Carlos Valdez es un vil explotador. Todo el que cae a la empresa familiar que se llama El Noticiero sabe que llega para que el miserable director lo explote al máximo.
Eso fue lo que hizo Carlos Valdez: explotar inhumanamente a Sazago, quien redactaba numerosas notas, hacía pies de foto, cabeceaba y ya sólo le faltó salir a vocear el periódico de su mezquino cuñado. ¿Y cuando ya no le fue útil? Fácil: Carlos Valdez lo echó a la calle sin más, negándole cualquier tipo de ayuda económica a quien le sirvió por más de 30 años.
Lo peor de todo fue que Carlos Valdez tuvo el cinismo de asistir al funeral del que explotó durante décadas. Los que fueron testigos de la escena (yo me presenté más tarde) no daban crédito a lo que veían sus ojos: el tipo fingió estar muy consternado por la muerte del periodista y casi estuvo a punto de soltar el llanto. ¡Vaya cinismo!
Por simple decoro, Carlos Valdez no debió asistir al funeral de su subalterno eternamente explotado; mucho menos, la de montar esa farsa grotesca de su “pena”. Sin embargo, hasta el final, el director de El Noticiero fue a darle la última molestia a Sazago: ir a ofenderlo con su hipócrita actitud.
*Columna publicada el 11 de julio de 2013.
