Virgilio Mendoza, un gánster de la política

POR Jorge Octavio González

Virgilio Mendoza Amescua.

Virgilio Mendoza Amescua, un gánster de la política colimense, además de ser un traidor a la causa de la 4T es un faltista sistémico.

Ahora sabemos, por una investigación realizada por El Universal, por qué el senador del Verde Ecologista tiene mucho tiempo libre para golpear al gobierno del Estado y a la presidenta municipal de Manzanillo.

Pues resulta y resalta que Virgilio Mendoza, cuyo único trabajo es ser senador de la República, ni siquiera asiste a trabajar a la Cámara Alta: de acuerdo al trabajo periodístico, lleva 13 inasistencias, siendo el tercer senador de su bancada en tener más faltas.

También sale en esa lista Ana Karen Hernández, senadora del PT: ella es la más faltista de toda la fracción del Partido del Trabajo, con nada más y nada menos que 21 inasistencias al Senado de la República.

Pero a diferencia de Virgilio Mendoza Amescua, que está obsesionado con ser el candidato del oficialismo a la gubernatura del Estado en el 2027, Ana Karen Hernández no está buscando chamba y puede concluir su responsabilidad hasta el 2030 sin problema alguno.

Reprobable, cierto, que la senadora del PT sea de las más faltistas: quién sabe qué otras actividades realice además de legislar en el Senado.

Lo cierto, sin embargo, es que Virgilio Mendoza queda mal parado por sus constantes faltas a trabajar; sobre todo porque en su tiempo libre —que ya vimos que es demasiado— se la pasa dando entrevistas a modo para golpear las decisiones que toma el gobierno del Estado en materia de infraestructura carretera o en culpar a la presidenta de Manzanillo de lo que es única y exclusivamente responsabilidad de ASIPONA.

El senador del Verde Ecologista está cada vez más lejos de alcanzar la candidatura del oficialismo a la gubernatura de Colima: además de golpear sistemáticamente a la administración estatal, grillar a la presidenta de Manzanillo y tener expedientes judiciales que están listos para activarse cuando sea necesario, Virgilio Mendoza es un tipo que ni siquiera se toma su trabajo en serio.

Al Senado de la República tienen que ir al menos dos veces por semana a sesionar; sin embargo, Mendoza Amescua ni siquiera cumple con ese requisito y prefiere faltar a las sesiones donde se toman las decisiones más importantes para el país y la entidad.

Su desinterés por acudir a trabajar a la Cámara Alta se traduce en un repudio a la gente que votó por él en las pasadas elecciones. Y aunque al senador le gusta vender la idea de que los más de 100 mil votos obtenidos son de él —aunque Ana Karen Hernández también hizo campaña y el aparato oficial trabajó por la fórmula de MORENA-PT-PVEM—, lo cierto es que hoy por hoy los números no le favorecen en lo absoluto.

Su única esperanza, tal vez la última, es que desde el centro se negocie la candidatura a gobernador por Colima; el problema es que Claudia Sheinbaum Pardo no está muy contenta con los corruptos del Verde Ecologista que mandaron hasta el 2030 la ley anti nepotismo, cuando ella la quería en las elecciones del 2027.

Y lo peor, por si esto no fuera suficiente, la negociación para la ley anti nepotismo se dio entre los líderes del Verde Ecologista con el jefe de La Barredora, Adán Augusto López Hernández, una de las herencias que le dejó Andrés Manuel López Obrador para contener su poder.

La idea de que Virgilio Mendoza puede ir como candidato del Verde Ecologista al gobierno del Estado sólo provocará una división en el voto opositor, pues el oficialismo tiene la fuerza suficiente para ganar las elecciones venideras sin alianzas.

No sucede lo mismo con la oposición: si el PRI, el PAN, MC y el PVEM van solos, no tienen oportunidad alguna; sólo si van juntos existe la posibilidad de meterle un susto a MORENA.

Pero en el caso del Verde Ecologista, sin embargo, las cosas no serán como Virgilio Mendoza quiere: si no se alinea con el oficialismo, es muy probable que vaya a la cárcel.

Amagar con ir solo en la contienda por la gubernatura es sólo una manera de chantaje, muy dado en el senador que, efectivamente, tendrá que elegir entre sobrevivir políticamente o pagar todas las fechorías que ha hecho a lo largo de su desaseada carrera en el servicio público.

Si ya se arrodilló ante José Ignacio Peralta Sánchez y después ante Indira Vizcaíno, otro sexenio más de impunidad no le hará daño.