TONALTEPETL

POR Gustavo L. Solórzano

La zona centro de mi infancia, es sin duda, la misma de hoy. Solo que cambiaron las personas y se modificaron los espacios y algo muy importante, siempre estaba limpio. La gente llegaba a la central vieja, hoy auditorio Miguel de la Madrid, y de ahí, directo a realizar sus compras. A mi juicio, la terminal de camiones estaba más organizada, había tres islas al interior del edificio, en donde la gente podía comprar, fruta, dulces regionales y detalles para obsequio. Siempre llena de camiones, autobuses y los famosos gallineros, aquellos que llevaban de todo, menos un espacio digno para sentarse. Contra esquina de la central, Don Nacho Moreno y su familia, atendían la surtida frutería, que abastecía no solo de manera individual, sino también a negocios diversos.

Los mayores que yo, eran remunerados modestamente por apoyar la descarga del tráiler que traía frutas, verduras frescas y otros enseres alimenticios. Enfrente, sobre la misma Medellín, un hombre atento, atendía la ferretería de su propiedad. Personas de campo y ciudad, aprovechaban para surtirse de lo necesario con Manuel Ramírez Ceballos, delgado, pulcro y siempre activo, resolvía los requerimientos de la clientela, herencia de su línea paterna. Hoy le sobreviven su esposa, hijos e hijas, la ferretería se modificó, pero permanece la esencia de quienes la forjaron.

Unos locales más arriba, (Norte) la Sociedad Mutualista tenía un galerón en donde sesionaban sus socios, y de vez en cuando, ofrecían funciones de cine o teatro para niños. Por cierto, ahí fue sede de la Cruz Roja Local. La Nueva Nevada y muchas huaracherías, que también vendían botas, sombreros y aditamentos para el rancho, formaban parte de la zona comercial. El corazón de la ciudad cerraba sus puertas pasaditas las ocho de la noche, pues después de esa hora, “soledad” era la dueña de todo. La Copa de Oro, después Mecalza, la Casa Tita, Casa Mary, la zapatería de Martita, cuyo nombre real era Heliodora, la huarachería de los papás de René González.

La Talabartería Morfín, la Dodge, el Restaurante Santa Rosa, las Carnes Asadas de Don Lupe Valdovinos, el consultorio del Dr. Manuel Ruiz, padre, dicen, de Juan Ruiz Healy, el famoso periodista y si se parecen. La ferretería de Alfonso Venegas, las tortillas hechas a mano de las señoras Juana, Félix y Meche, el Abuelo con su puesto de revistas; tristemente un mal día amaneció muerto y nunca se supo nada. El consultorio del papá del Doctor José Rivas Guzmán, Paco y Mary con su renombrado salón de belleza, a cuya familia envío condolencias mediante estas líneas por su reciente ausencia física. La huarachería de don Zeferino Cuevas, la Gran Fraternidad Universal atendida por la hermana Lupe, Lauro Cano y sus rodajas metálicas, Martín y Acacia con su tienda de ropa y muchos etcéteras más, de gente trabajadora, comprometida con el desarrollo de nuestra ciudad y estado.

Generación tras generación, los colimenses han sido solidarios con sus autoridades y han apostado al progreso, en una suma total de esfuerzos conjuntos. Para darle a Colima, la sana imagen de prosperidad que tiene. Sirvan estas líneas para hacer un reconocimiento a todos esos hombres y mujeres que dieron su tiempo, esfuerzo, y dedicación, para invertir por el bien de Colima y su sociedad.

ABUELITAS:

132 mil 366 pesos con 74 centavos podrá gastar cada candidato a ocupar un puesto jurídico en el próximo proceso que se realizará para tal fin. Escrito y leído desde otra perspectiva, dinero tirado a la basura. Utópico de mi parte, pero el congreso debe legislar al respecto y al de los demás candidatos. La economía debe cuidarse y destinarse a verdaderas necesidades. O prioridades de mayor trascendencia. Es cuánto.

NOTA PARA EDITOR:

LO QUE SIGUE NO CUENTA