TONALTEPETL

POR Gustavo L. Solórzano

En mi época de niño, había libertad para que pudiéramos ingresar a primero, de cinco años, fue mi caso. La maestra Alicia Checa Verján me dio clase, y la recuerdo con gratitud. Mi madre era la enfermera del barrio, luego entonces, todos aprendimos a inyectar, siendo ella nuestra abnegada modelo. Cuando estuve en quinto grado supe de la Cruz Roja de la Juventud y me presenté una noche a la sesión de fin de mes, me quedé hasta hoy.

Permítame contarle que, en significativas ceremonias, la gobernadora de nuestro estado y el presidente municipal de Colima, pusieron en marcha la Colecta Anual de la Cruz Roja.

Misma que, los trescientos sesenta y cinco días del año, trabaja, sirve a la sociedad, sin distingos. Y sin duda, el personal se expone a riesgos constantes. Personal voluntario de los gobiernos estatal y municipales, así como personal voluntario de diferentes instituciones de nuestro bello Colima, estarán recorriendo las calles, avenidas y cruceros para solicitar su donativo voluntario. Por favor trátelos bien, si no desea dar, tampoco les de quejas ni ofensas, son amorosamente voluntarios. «Esto que ves, lo hacemos juntos».

Hago votos para que sea una colecta productiva en bien de los colimenses, todos nos necesitamos.

Ya que ando recorriendo los pasos de mi niñez, me voy a la calle Reforma. Ahí vivieron Baldo y doña Chenta, pareja que formó una familia integrada por Bertha, Amelia, Esther, Raúl, Eneida, César Armando, y Karina. Nacido en Villa Victoria Michoacán, Baldo probó desde niño la sal del sudor que recorría su rostro. No había celulares, ni computadoras, la modernidad estaba lejos y había que comer. La familia Larios Ramírez, tenía un objetivo claro, formarse y ser autosuficientes, así lo hicieron.

Baldo pudo con todo, la escuela de sus hijas e hijos, la renta de casa, temblores y huracanes, nada lo dobló. Amaba a su familia, diario salía modestamente limpio a vender su producto: “Tubita”.

Se le veía en el centro de nuestra ciudad, en el banco de México, en el Isenco, en la Corona Morfín, en la Universidad, etc. siempre contento, dispuesto escuchar, a sugerir respetuosamente. “Ándele mi niño, tome tuba de Baldo, para que se le quite lo nanguito”. La broma sencilla, amable y de esas que caen bien, así era Baldo, tolerante con más de algún pesado que le gritaba, “Baldo, dame agua de kool aid” (culey), él respondía esbozando una sonrisa, “para que se te quite lo wey”. Jamás lo vi molesto, serio sí, enojado nunca. A los jóvenes desde secundaria, les daba consejos en relación al respeto hacia sus padres y a la familia en general.

Jamás supe de alguien que se sintiera ofendido, desde los chicos hasta los grandes, le mostraban su aprecio y los menores, me consta que le hacían caso. Baldo era una persona que tenía la escuela de la vida, los nobles valores que nos dejaron nuestros antepasados. Platicaba con el servidor público y con el niño de secundaria por igual. Mi niño, era su expresión afectiva favorita, dicha con cariño, con la sinceridad que nace de un corazón afable, de hombre bueno. Buen viaje a las estrellas querido amigo, volveremos a encontrarnos, y cumpliste.

ABUELITAS:

La Cruz Roja requiere de la suma de voluntades, los colimenses merecemos una institución equipada con todos los servicios para responder ante cualquier necesidad. Por ello, es importante que todos aportemos de buena voluntad y de manera generosa. «Esto que ves, lo hacemos juntos». Es el lema de colecta 2026, y sí, solo juntos podemos alcanzar mejores resultados. ¡La Cruz Roja cuenta contigo! Es cuánto.