POR Jorge Octavio González
Luis Gerardo García Olivares no termina de salir de una crisis cuando ya está en otra.
Resultó anecdótico verlo en estado de ebriedad bailando con otros hombres en las fiestas de Coquimatlán; al menos los presentes estaban en la misma sintonía que el fiestero edil.
Pero el problema en el que ahora se metió sí es serio: resulta que un grupo de trabajadores de la dirección de Servicios Públicos Municipales han sido víctimas de acoso laboral y sexual por parte del encargado de un área de la dependencia.
Ricardo “N”, como así lo llaman por cuestiones legales, es un sujeto que, de acuerdo a la denuncia de los empleados de la comuna coquimatlense, acosa al personal y ha llegado al grado de realizar tocamientos sin consentimiento a algunos de ellos.
Relatan que se interpuso una denuncia en la Contraloría del ayuntamiento de Coquimatlán para que tomen cartas en el asunto; la cuestión es que el titular de la dependencia, de nombre José Francisco Espinoza González, archivó el caso por órdenes directas de Luis Gerardo García Olivares.
Cierto es que, por tratarse de una denuncia de hombres señalando a otro hombre de ejercer acoso laboral y sexual en su contra, para la gente podría tratarse de algo divertido; incluso hasta podrían ser objeto de chistes y burlas.
Si el caso fuera al revés sería tomado con toda la seriedad del mundo: ¡sería escandaloso!
Claro que si las acosadas fueran mujeres y el acosador un hombre bastaría con la denuncia pública para que saltara la indignación y las instituciones relacionadas con la protección de las mujeres sacaran comunicados incendiarios condenando la situación.
Pero no: no se trata de mujeres acosadas; se trata de un grupo de trabajadores hombres de una de las áreas más marginadas de la administración municipal.
Y el acosador, en este caso Ricardo “N”, es amigo personal e íntimo del presidente municipal de Coquimatlán, Luis Gerardo García Olivares, que lo primero que hizo cuando se enteró de la denuncia fue ordenar al contralor Francisco Espinoza que archivara el caso para que no se procediera en contra del funcionario.
Ricardo “N”, sin embargo, en breve sería nombrado director de Servicios Públicos Municipales de Coquimatlán ante al despido injustificado que García Olivares hizo del anterior titular.
Si como encargado de un área menor goza de la impunidad del alcalde, llegando al extremo de archivar la denuncia en su contra, como eventual director de Servicios Público Municipales el sujeto se sentirá el todopoderoso que, ciertamente, seguirá con la misma actitud pervertida que hasta el momento.
Las mañas de Ricardo “N”, que solapa Luis Gerardo García Olivares, son las mismas —con más agravantes— que tienen en la cárcel a Carlos Antonio Chavira George; basta con que los trabajadores pierdan la vergüenza y alcen la voz para denunciar ante las autoridades competentes y todos los involucrados en el encubrimiento de tan penoso actuar reciban un castigo ejemplar.
Así como sucedió con el presidente municipal electo de Coquimatlán, preso en el CERESO: bastó un solo menor de edad —impulsado por su madre— que lo denunció y las autoridades se encargaron de detenerlo y encarcelarlo.
El solo hecho de que el presidente municipal de Coquimatlán encubra las atrocidades que comete uno de sus funcionarios tendría que ser motivo para que Luis Gerardo García Olivares se separe del cargo para enfrentar su complicidad en uno de los delitos que más avergüenza a la sociedad por indigno e inmoral.
