POR Jorge Octavio González
Desde la mañana del miércoles José Gerardo Fernández Noroña estaba siendo severamente cuestionado por sus respuestas violentas en contra de mujeres periodistas que revelaron su incongruencia de predicar la austeridad republicana y tener una mansión de 12 millones de pesos en Tepoztlán, Morelos.
Incluso en una mesa de debate con la comunicadora Azucena Uresti, la legisladora Laura Ballesteros, de Movimiento Ciudadano, propuso que todas las mujeres —del sector público y privado— que hubieran sido agredidas y violentadas por el senador morenista alzaran la voz para denunciarlo y que sus agresiones no quedaran impunes.
La misma Andrea Chávez Treviño, la senadora que hacía campaña anticipada con recursos de un empresario amigo del impresentable Adán Augusto López Hernández, tenía la cara compungida ante la cascada de señalamientos que estaban haciendo en contra de su compañero de bancada y sus débiles argumentos quedaron opacados ante la unanimidad en el repudio a ese sujeto violento y poco hombre.
Pero horas más tarde le cayó como anillo al dedo el encontronazo que tuvo con el senador Alejandro Moreno Cárdenas: como el bravucón y cobarde que es, el presidente del Senado de la República incumplió su palabra acordada en comisiones y trató de burlarse de los priístas; sin embargo, en el intercambio de palabras Alito Moreno lo fue empujando hasta que Noroña se fue huyendo por la puerta de atrás.
Acorralado, asustado por ser enfrentado por un hombre y no por las mujeres a las que suele violentar y hostigar de manera sistémica, José Gerardo Fernández Noroña ni siquiera pudo meter las manos del miedo y se tuvo que esconder en las faldas de sus compañeras de partido para que no lo continuaran confrontando.
Si alguien ha hecho su carrera política a base de insultos, agresiones, calumnias y violentando la ley en todo momento, ese es el hoy senador de la República, que hace algunos años se negaba a pagar el baño en una gasolinera para orinar y hacía un show en las tiendas departamentales por no querer pagar el impuesto a los chocolates, retando a la autoridad que acudía al lugar y provocándolos para que lo agredieran o lo encarcelaran para después hacerse la víctima.
El papel de víctima, ciertamente, no le queda a Fernández Noroña: minutos después del encontronazo en donde salió corriendo como un cobarde, convocó a los medios para anunciar que denunciarían a Alito Moreno Cárdenas y a otros priístas que estaban en el lugar para desaforarlos y meterlos a la cárcel.
Así, de manera pronta y expedita, como si así hubieran actuado cuando se dio a conocer que Adán Augusto López Hernández había nombrado como secretario de Seguridad Pública en Tabasco a un sujeto que fundó, desde el gobierno del Estado, una organización criminal llamada La Barredora, dedicada al tráfico de droga, al huachicol y a la extorsión y responsable de decenas y decenas de muertes en Tabasco, en Chiapas y en Veracruz.
A Fernández Noroña nunca se le vio indignado cuando se descubrió la mentira de López Hernández cuando aseguró que no sabía de las relaciones criminales de su amigo de más de 30 años: se pudo comprobar que como secretario de Gobernación ya estaba la ficha técnica de la Secretaría de la Defensa Nacional en donde informaban de los vínculos de Hernán Bermúdez Requena con el cártel de La Barredora, quedando al descubierto que no sólo sabía sino que lo mantuvo, al igual que Andrés Manuel López Obrador, que decía que nada se hacía en el país sin que se enterara el presidente de la República.
En el altercado en la Sesión Permanente, la senadora Andrea Chávez Treviño se exhibió como la embustera que es, gritándole en todo momento a Alito Moreno mientras se decía indignada por el encontronazo; sin embargo, nunca alzó la voz ni se indignó de que Adán Augusto López Hernández, el que le presenta amigos empresarios para que financien ilegalmente su anticipada campaña rumbo al gobierno de Chihuahua, fuera expuesto como el jefe de quien creó un cártel criminal en Tabasco.
Definitivamente al oficialismo le cayó como anillo al dedo la reacción de Alito Moreno Cárdenas, pues el foco estará centrado en él y no en los nexos criminales de Adán Augusto con el cártel de La Barredora ni la inexplicable mansión de 12 millones de pesos de José Gerardo Fernández Noroña, quien apenas la mañana del miércoles estaba siendo severamente señalado por su doble moral y agredir y hostigar a la periodista Azucena Uresti por revelar la información que incomodó al senador.
