POR Jorge Octavio González

Fue unánime la reacción de la sociedad colimense ante el acto violento y de provocación que protagonizó Leoncio Morán Sánchez en la sesión de Cabildo del pasado viernes en el ayuntamiento de Colima.
Salvo uno que otro matraquero que salió en su defensa, quedó claro que el oficialismo lo dejó solo: los cuestionamientos contra el diputado federal fueron implacables y no pudo, pese a que intentó responder a todos, contener la desaprobación hacia su persona.
Locho Morán, como todo un barriobajero, un patán que sólo trata de llamar la atención a través de la violencia y los gritos, quiso encarar al presidente municipal de Colima para tratar de desmentirlo sobre unos señalamientos que días atrás se habían hecho sobre un adeudo que se originó en el DIF Municipal cuando lo presidió Azucena López Legorreta.
La ignorancia de Morán Sánchez se pudo reflejar en los 6 minutos que circularon del video de su rijosa intervención en el Cabildo: llevaba días acusando al alcalde de Colima por un boletín de prensa que, dijo, no firmó y donde lo acusó de un endeudamiento por más de 4 millones de pesos.
Los boletines de prensa o los comunicados de prensa, sólo para conocimiento del diputado federal, no se firman; con que salga desde la cuenta oficial del ayuntamiento de Colima se da por hecho y enterado que es la postura del presidente municipal y su Cabildo.
Más allá de su ignorancia, algo que debe preocupar si así es como piensa legislar en la Cámara de Diputados, lo cierto es que sólo encaró al presidente municipal para atraer los reflectores y que más gente sepa quién ese corrupto que, tan solo unos años atrás, emprendió una campaña de odio y de violencia política en razón de género en contra de la actual gobernadora del Estado.
Nunca desmintió que, por retenciones del ISR en el crédito fiscal solicitado a través del DIF Municipal Colima, se generaron intereses que el Sistema de Administración Tributaria se vio en la obligación de cobrarse a lo chino y que ascendieron a 4 millones 821 mil 369 pesos.
Aunque llevaba un legajo de papeles que respaldaban los pagos de ese crédito fiscal, cuando Riult Rivera se los pidió para revisarlos de inmediato Locho Morán se los arrebató y le respondió que él los tenía en el ayuntamiento de Colima y que los buscara y revisara.
El viejo truco que utilizan los policías corruptos y algunos cabilderos: sientan a la víctima de extorsión y le muestran una enciclopedia de supuestos delitos y expedientes en su contra; tras varios minutos de perorata y de amedrentamiento, terminan doblando las manos, aunque esos papeles estuvieran totalmente en blanco.
Así pasó con Locho Morán: se jactó en toda su intervención que llevaba todas las pruebas que acreditaban los pagos que hizo en tiempo y forma, pero cuando se las solicitaron no las quiso entregar, señal de que esos papeles no correspondían a los pagos que mes con mes hizo, sino de algo muy diferente, incluso las tareas de sus hijos.
Enloquecido, totalmente fuera de sus casillas, Leoncio Morán Sánchez se atrevió a decir una frase que una regidora del ayuntamiento de Colima calificó de violencia simbólica y micromachismo, algo que, si de verdad fuera feminista, Azucena López habría condenado.
Pero como no lo es se quedó callada en su asiento en el Cabildo, tal vez avergonzada del espectáculo que estaba dando el diputado federal, un sujeto violento, altanero, soberbio, pero además corrupto y sinvergüenza que desvió más de 50 millones de pesos de las aportaciones del IPECOL.
El Congreso del Estado lo absolvió porque se arrodilló ante el oficialismo, que lo purificó y ahora lo tiene entre sus filas, aunque no sea bien recibido ni bien visto por los verdaderos morenistas de Colima.
