Llega un teniente de Navío a la SSP Colima

POR Jorge Octavio González

Todo gobierno, del orden que sea, debe mantener una evaluación constante de sus funcionarios para tomar decisiones en los momentos difíciles.

Ante una serie de actos de violencia en la entidad, el último de gran impacto fue el crimen en contra de la tía y prima de Mario Delgado Carrillo, la mandataria estatal decidió remover a Gerardo Romero Santana de la Secretaría de Seguridad Pública de Colima.

En su lugar llegó el teniente de Navío Fabián Ricardo Gómez Calcáneo. Sus credenciales lo preceden: Licenciatura en Derecho, Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM, Maestría en Seguridad Pública en Colombia, Maestría en Inteligencia y Seguridad y Defensa en Italia, y Doctorado en Seguridad Pública.

Su perfil es más parecido al del actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno de la República, Omar García Harfuch; esto le da una ventaja porque el objetivo de su nuevo encargo es fortalecer la estrategia de seguridad que se viene implementando desde la Federación.

En medios nacionales, sin embargo, están destacando la trayectoria del nuevo secretario de Seguridad Pública de Colima; esto contrasta con la mediocridad de los anteriores funcionarios que pasaron por la misma institución.

Manuel Llerandi Ruiz fue un cero a la izquierda y un sujeto que ni siquiera sabía articular alguna idea frente a los medios de comunicación; afortunadamente su estancia en Colima fue breve y se hizo el cambio respectivo.

Héctor Alfredo Castillo Báez, aunque de formación militar, tuvo señalamientos de corrupción y de favorecer a uno de los grupos delictivos, que ni tardos ni perezosos lo hicieron saber a través de mensajes en cartulinas y mantas en diversos puntos del Estado de Colima.

El último titular de la SSP de Colima, Gerardo Romero Santana, pasó sin pena ni gloria en el encargo; su labor fue más burocrática que operativa y los resultados que se dieron fueron más bien en coordinación con las fuerzas federales.

Fabián Ricardo Gómez, sin embargo, no es un marino más que va a probar suerte como secretario de Seguridad Pública; es un funcionario con cartas credenciales que lo acreditan como alguien eficaz y que se sabe coordinar con las fuerzas federales.

En un escenario donde el empoderamiento del crimen organizado, producto de la fallida estrategia de seguridad del sexenio pasado, ha hecho mella en la sociedad mexicana a tal grado que Estados Unidos los catalogó como organizaciones terroristas extranjeras, es una buena noticia que el teniente de Navío sea de la nueva generación de policías y militares que anteponen la estrategia y la inteligencia por sobre todas las cosas.

Los próximos meses veremos, cuando ya tome el mando a plenitud, si su experiencia y estudios le alcanzarán para dar los resultados esperados; por lo pronto es buen augurio que tenga la escuela de García Harfuch y se coordinen para bajar los índices delictivos en la entidad.